Zinedine Zidane: de La Castellane al olimpo del fútbol mundial

Berlín, 9 de julio de 2006, el Olympiastadion de Berlín albergaba la final de la Copa del Mundo entre Francia e Italia ante 69,000 espectadores. Según los registros de la FIFA, la transmisión televisiva alcanzó una audiencia global de aproximadamente 700 millones de personas. A los siete minutos del encuentro, Zinedine Zidane ejecutó un penalti al estilo Panenka —un toque suave al centro del arco que golpeó el travesaño y entró— para poner a Francia en ventaja. Era su tercer gol en finales mundialistas, una marca que compartía entonces únicamente con Pelé, Vavá y Geoff Hurst.

En el minuto 110 de la prórroga, tras un intercambio de palabras con el defensor italiano Marco Materazzi, Zidane se giró y le propinó un cabezazo en el pecho. El árbitro argentino Horacio Elizondo, que no había visto la acción, fue informado por el cuarto árbitro y mostró la tarjeta roja. Zidane abandonó el campo caminando junto al trofeo que nunca pudo alzar. Al día siguiente, la portada de L’Équipe publicó una pregunta que resumía el sentir de millones: «¿Qué les decimos a nuestros hijos, para quienes te has convertido en un ejemplo para siempre?»

Esa imagen —el número 10 de Francia cruzando el campo con la cabeza erguida, pasando junto al trofeo dorado sin mirarlo— condensó en un instante la dualidad que definió toda su trayectoria: un futbolista capaz de ejecutar la volea más técnica de la historia de la UEFA Champions League y, al mismo tiempo, un hombre capaz de destruir su propio legado en cuestión de segundos.

Zinedine Yazid Zidane nació el 23 de junio de 1972 en Marsella, hijo de inmigrantes argelinos de la región berberófona de Cabilia. Pasó de jugar en las plazas de hormigón del barrio marginal de La Castellane a convertirse en el jugador más caro de la historia del fútbol cuando, en 2001, el Real Madrid pagó alrededor de 90 millones de dólares por su traspaso desde la Juventus. Ganó la Copa del Mundo, la Eurocopa, dos títulos de Serie A, una UEFA Champions League y tres premios al Mejor Jugador del Mundo de la FIFA. La UEFA lo eligió mejor futbolista europeo de los últimos 50 años en 2004. Y sin embargo, la imagen que el mundo conserva de su despedida es la de una expulsión en una final.

¿Cómo se construye una carrera así? ¿Qué forma a un hombre capaz de ser, simultáneamente, el más elegante y el más explosivo sobre un campo de fútbol? La respuesta comienza en un barrio al norte de Marsella, en la segunda mitad de los años setenta.

Infancia en La Castellane y primeros pasos profesionales en Cannes (1972–1992)

Smaïl Zidane llegó a Francia en 1953 desde el pueblo de Aguemoune, en la región de Cabilia, antes del inicio de la guerra de independencia de Argelia. Junto a su esposa Malika, se instalaron primero en los barrios del norte de París —Barbès y Saint-Denis— donde el trabajo escaseaba, y a mediados de los años sesenta se trasladaron al suburbio norte de Marsella conocido como La Castellane. Smaïl trabajaba como almacenista y guardia de seguridad nocturno. Malika era ama de casa. Zinedine, nacido el 23 de junio de 1972, fue el menor de cinco hermanos.

La Castellane era, en palabras de quienes la conocieron en esa época, un barrio con tasas de desempleo y criminalidad notoriamente altas para los estándares de Marsella. La familia Zidane, sin embargo, llevaba una vida que sus vecinos describían como relativamente estable dentro de ese contexto. En una entrevista con la revista Esquire, Zidane lo explicó con precisión:

«Tengo afinidad con el mundo árabe. Lo llevo en la sangre, a través de mis padres. Estoy muy orgulloso de ser francés, pero también muy orgulloso de tener estas raíces y esta diversidad.»

Ese doble anclaje cultural —francés de nacimiento, argelino de origen— marcaría tanto su identidad pública como su temperamento dentro del campo. Su padre, Smaïl, aparece en todas sus entrevistas como «la luz guía» de su carrera: un hombre de disciplina estricta cuya presencia estructuró la infancia del futbolista.

A los cinco años, Zidane comenzó a jugar en la Place Tartane, una plaza de aproximadamente 24 por 4 metros que funcionaba como el corazón del complejo habitacional. Fue allí donde desarrolló el control de balón en espacios reducidos que definiría su juego adulto. A los diez años obtuvo su primera licencia federativa en el US Saint-Henri, y poco después pasó al SO Septèmes-les-Vallons, donde permaneció hasta los catorce. Sus ídolos eran los jugadores del Olympique de Marsella: el yugoslavo Blaž Slišković, el uruguayo Enzo Francescoli —cuyo nombre llevaría su primer hijo— y el francés Jean-Pierre Papin. Cuando a los catorce años vio el Mundial de México 1986, la actuación de Diego Maradona le dejó, según sus propias palabras, «una marca indeleble».

En 1986, una convocatoria al Centro Regional de Educación Física y Deportiva de Aix-en-Provence cambió el curso de su vida. Fue allí donde el ojeador del AS Cannes Jean Varraud lo vio por primera vez y recomendó al joven al director de la cantera del club. Zidane llegó con una estancia prevista de seis semanas y terminó quedándose cuatro años. El director Jean-Claude Elineau lo acogió en su propia casa, y Zidane reconocería después que en esa familia encontró el equilibrio que necesitaba.

Sus primeros entrenadores en Cannes notaron que era un jugador técnicamente dotado pero emocionalmente reactivo: propenso a responder con violencia física ante insultos raciales o ataques a su familia. Varraud trabajó específicamente para que canalizara esa energía hacia el juego, pero Zidane pasó sus primeras semanas en el club cumpliendo labores de limpieza tras haber golpeado a un rival que se burló de sus orígenes. Esa tensión entre el control técnico y el impulso violento —que Varraud describió como el conflicto de «un argelino-francés suspendido entre dos culturas»— reaparecería en momentos decisivos a lo largo de toda su carrera. Del propio Varraud quedó registrada esta descripción del joven Zidane: «Se adelantaba a uno, dos, tres, cinco, seis jugadores. Era sublime. Sus pies hablaban con el balón.»

El 18 de mayo de 1989, con diecisiete años, Zidane debutó como profesional en un partido de la División 1 francesa contra el FC Nantes. Su primer gol llegó el 10 de febrero de 1991, también frente al Nantes, en una victoria 2-1. El presidente del club, Alain Pedretti, le había prometido un auto el día en que marcara por primera vez; cumplió la promesa esa misma noche. En su primera temporada completa, el AS Cannes terminó cuarto en la liga y se clasificó por primera vez en su historia para la Copa de la UEFA. Entre 1989 y 1992, Zidane acumuló 61 partidos y 6 goles antes de que el FC Girondins de Burdeos pusiera sus ojos en él.

Zidane en el Girondins de Burdeos: consagración en la Ligue 1 (1992–1996)

El traslado a Burdeos en el verano de 1992 representó el primer salto cualitativo real en su carrera. El club tenía ambiciones europeas y una estructura más sólida que Cannes, y el mediocampista marsellés encontró allí el entorno competitivo que necesitaba. En su primera temporada, disputó 35 partidos de liga y anotó 10 goles —la cifra más alta de su carrera en una sola temporada de liga—, además de sumar 11 en todas las competiciones. Esa productividad goleadora, inusual para un mediocampista de creación, comenzó a llamar la atención de los grandes clubes europeos.

En Burdeos, Zidane formó una sociedad de mediocampo con Bixente Lizarazu y Christophe Dugarry que se convertiría en la columna vertebral tanto del club como de la selección francesa campeona en 1998. Dugarry, en particular, se convirtió en uno de sus amigos más cercanos. La combinación entre la visión de Zidane, la proyección de Lizarazu por la banda izquierda y la movilidad de Dugarry como delantero generó un estilo de juego fluido que la prensa francesa describió como el más atractivo de la liga.

La temporada 1995-1996 fue la más completa de su etapa en Burdeos. El club llegó a la final de la Copa de la UEFA, donde cayó ante el Bayern de Múnich, y Zidane disputó 51 partidos en todas las competiciones, anotando 12 goles y distribuyendo 18 asistencias. Ese rendimiento le valió el premio al Mejor Jugador de la Ligue 1. El alcance de su reputación en ese momento puede medirse por una anécdota que circuló ampliamente en la prensa inglesa: el entrenador del Blackburn Rovers, Kenny Dalglish, había expresado interés en ficharlo, a lo que el propietario del club, Jack Walker, respondió: «¿Para qué quieres a Zidane si tenemos a Tim Sherwood?» Según el agente Barry Silkman, el Newcastle United también rechazó contratarlo por 1.500.000 dólares, argumentando que no era suficientemente bueno para la Primera División inglesa. Ambas anécdotas ilustran cuán subestimado estaba Zidane fuera de Francia en esos años.

Su debut con la selección francesa absoluta se produjo el 17 de agosto de 1994, en un amistoso contra la República Checa que terminó 2-2. Entró en el minuto 63 en sustitución de Corentin Martins, con Francia perdiendo 2-0, y marcó ambos goles del empate. Tras el partido, declaró con emoción evidente:

«Le dedico mis dos goles a mi familia y a mi mujer, que está embarazada. Esto es hermoso, nunca había marcado dos tantos en un encuentro, ni siquiera en categorías inferiores, esto es hermoso.»

Era la primera vez que marcaba dos goles en un mismo partido a nivel profesional. Tras la suspensión de Eric Cantona en enero de 1995, Zidane asumió el rol de organizador del juego en la selección, una posición que no abandonaría hasta su retiro en 2006.

En cuatro temporadas con Burdeos, disputó 179 partidos y marcó 39 goles, con una media goleadora de 0.22 por partido. Esas cifras, sumadas a su actuación en la Eurocopa 1996 —donde Francia llegó a semifinales antes de caer en penaltis ante la República Checa— convirtieron su traspaso en uno de los más codiciados del mercado europeo de ese verano. La Juventus de Turín, vigente campeona de Europa, se adelantó a todos los demás interesados.

Zidane en la Juventus de Turín: el reconocimiento mundial (1996–2001)

En el verano de 1996, Zidane firmó con la Juventus de Turín. El club piamontés, dirigido por Marcello Lippi, era el equipo más poderoso de Europa: había ganado la UEFA Champions League ese mismo año y contaba en su plantilla con jugadores como Alessandro Del Piero, Christian Vieri, Alen Bokšić, Didier Deschamps y Edgar Davids. Para Zidane, que llegaba con 24 años y el premio al mejor jugador de la Ligue 1 bajo el brazo, era el salto definitivo al máximo nivel continental.

El impacto fue inmediato. En su primera temporada en Turín, Zidane disputó 44 partidos en todas las competiciones y anotó 7 goles. La Juventus ganó el Scudetto, la Supercopa de Europa y la Copa Intercontinental. En la UEFA Champions League, el equipo llegó a la final disputada en Múnich, donde cayó 3-1 ante el Borussia Dortmund. Según las crónicas del partido, Zidane no pudo imponerse ante el marcaje estrecho del centrocampista escocés Paul Lambert. Aun así, fue nombrado Mejor Jugador Extranjero de la Serie A en su primera temporada, un reconocimiento que repetiría en 2001. Edgar Davids, compañero suyo en la Juventus, lo describió con admiración:

«Es un jugador especial. Crea espacio donde no lo hay. No importa dónde reciba el balón ni cómo le llegue, siempre puede salir del apuro. Su imaginación y su técnica son asombrosas.»

La temporada 1997-1998 fue la de su consagración global. Zidane anotó 7 goles en 32 partidos de liga para ayudar a la Juventus a retener el Scudetto, pero en la Champions League el equipo llegó a su tercera final consecutiva y perdió 1-0 ante el Real Madrid en Ámsterdam. A nivel individual, ese año ganó el Balón de Oro y fue nombrado Mejor Jugador del Mundo por la FIFA por primera vez, reconocimientos que llegaron en gran parte por su actuación en la Copa del Mundo de Francia, donde su selección se coronó campeona. El año 1998 marcó el punto de inflexión: de ser el mejor mediocampista de Europa pasó a ser el mejor jugador del mundo.

Las temporadas siguientes fueron más irregulares. En 1998-1999, la Juventus terminó séptima en la liga y fue eliminada en semifinales de la Champions League por el Manchester United, tras ir ganando 2-0 en el Delle Alpi y terminar perdiendo 2-3. En 1999-2000, bajo la dirección de Carlo Ancelotti —quien había reemplazado a Lippi—, el club terminó segundo en la liga y ganó la Copa Intertoto. En 2000-2001, Zidane fue suspendido en la fase de grupos de la Champions League por propinarle un cabezazo al jugador del Hamburgo Jochen Kientz, un episodio que anticipaba lo que ocurriría cinco años después en Berlín.

En cinco temporadas con la Juventus, Zidane disputó 212 partidos en todas las competiciones y anotó 31 goles, con 61 asistencias. Ganó dos Scudetti (1997 y 1998), una Supercopa de Europa y una Copa Intercontinental, ambas en 1996. Alessandro Del Piero sintetizó su influencia con palabras que sus compañeros repetirían en distintas versiones a lo largo de los años:

«Zidane tenía un talento extraordinario, que contribuía a su único interés: ayudar al equipo. No era un jugador egoísta. Tenía una capacidad única de ser grande y al mismo tiempo ser un jugador de equipo. Tuve la suerte de jugar con él.»

En el verano de 2000, Florentino Pérez ganó las elecciones a la presidencia del Real Madrid con la promesa de ficharlo. Las negociaciones se extendieron casi un año, con la Juventus mostrándose inicialmente reacia a vender a su estrella. Según la versión más difundida en la prensa española, el acuerdo se gestó en una cena en Montecarlo donde Pérez le pasó una servilleta escrita en francés preguntándole si quería jugar en el club. Zidane devolvió la servilleta con un escueto: «Oui.» El 4 de julio de 2001, los directivos de ambos clubes cerraron el traspaso por alrededor de 90 millones de dólares, convirtiéndolo en el fichaje más caro de la historia del fútbol, un récord que se mantendría durante ocho años.

Zidane en el Real Madrid: los galácticos y la volea de Glasgow (2001–2006)

El 10 de julio de 2001, Zinedine Zidane fue presentado con la camiseta número 5 del Real Madrid —el dorsal que había vestido el excapitán Manolo Sanchís— ante miles de aficionados en el Estadio Santiago Bernabéu. Era el segundo de los cuatro fichajes que la prensa bautizó como «galácticos»: Luís Figo (2000), Zidane (2001), Ronaldo Nazário (2002) y David Beckham (2003). El proyecto de Florentino Pérez apostaba por reunir a los mejores jugadores del mundo en un mismo equipo, con el talento individual por encima de cualquier sistema táctico predefinido. Zidane era la pieza central de esa apuesta.

Su primera temporada en Madrid fue también la más importante de su etapa en el club. El equipo terminó tercero en La Liga, detrás del Valencia y el Deportivo de La Coruña, y cayó 2-1 en la final de la Copa del Rey ante el Deportivo. Pero en la UEFA Champions League, el Real Madrid llegó a la final disputada el 15 de mayo de 2002 en el Hampden Park de Glasgow, frente al Bayer Leverkusen.

El marcador estaba 1-1 cuando, en el minuto 45 de la primera parte, Roberto Carlos lanzó un centro desde la banda izquierda. El balón llegó a la altura del pecho de Zidane, que se encontraba en el borde del área. Lo que ocurrió a continuación fue registrado por todas las cámaras presentes: Zidane dejó caer el balón, ajustó su posición corporal en una fracción de segundo y lo golpeó con el empeine del pie izquierdo —su pie no dominante— con una potencia y una precisión que lo enviaron al ángulo superior derecho de la portería, sin que el guardameta Hans-Jörg Butt pudiera reaccionar. El periodista Rory Smith, de The Telegraph, lo describió así: «Dieciocho metros, mirando y esperando, ajusta su cuerpo y, en un movimiento fluido, gira y lo golpea de lleno con la volea con su pie izquierdo. Sale disparado.»

La UEFA, la FIFA y la revista France Football han catalogado ese gol como el mejor de la historia de la UEFA Champions League. El Real Madrid ganó 2-1 y conquistó su novena Copa de Europa. Zidane fue nombrado Mejor Jugador del Año de la UEFA esa temporada.

La de 2002-2003 fue una temporada igualmente destacada. Disputó 50 partidos en todas las competiciones, anotó 12 goles y registró 20 asistencias. El Real Madrid ganó La Liga, su primera en cuatro años, y Zidane fue elegido Mejor Jugador del Mundo por la FIFA por tercera vez, sumándose a un grupo muy reducido de futbolistas en ganar ese galardón en tres ocasiones. Alfredo Di Stéfano, leyenda del club, declaró tras el anuncio:

«Domina el balón, es un espectáculo andante y juega como si llevara guantes de seda en cada pie. Hace que valga la pena ir al estadio; es uno de los mejores que he visto.»

Las temporadas siguientes fueron más irregulares. En 2003-2004, el equipo terminó cuarto en la liga y fue eliminado en cuartos de final de la Champions League. En 2004-2005, afectado por lesiones menores, el Real Madrid terminó segundo. La última temporada de Zidane en el club incluyó un hito personal: el 14 de enero de 2006, en una victoria 4-2 sobre el Sevilla, marcó el único hat-trick de su carrera profesional. Terminó esa temporada como el segundo máximo goleador del equipo, con 9 goles y 10 asistencias en 28 partidos de liga.

El 25 de abril de 2006, anunció en Canal+ que se retiraría al término del Mundial de Alemania. El 7 de mayo jugó su último partido con el Real Madrid en el Bernabéu, un empate 3-3 frente al Villarreal en el que marcó el segundo gol del equipo. Las camisetas de los jugadores madridistas llevaban bordada la leyenda «ZIDANE 2001/2006» bajo el escudo. Los 80,000 aficionados presentes desplegaron una pancarta: «Gracias por la magia.» Al final del partido, intercambió la camiseta con Juan Román Riquelme y fue ovacionado durante varios minutos.

En cinco temporadas con el Real Madrid, Zidane disputó 227 partidos en todas las competiciones y anotó 49 goles, con 68 asistencias. Sus estadísticas en La Liga fueron de 155 partidos y 37 goles. En la Champions League acumuló 49 partidos y 9 goles. Ganó una Liga (2003), dos Supercopas de España (2001 y 2003), una UEFA Champions League (2002), una Supercopa de Europa (2002) y una Copa Intercontinental (2002).

Zidane con la selección francesa: la Copa del Mundo de 1998, la Eurocopa 2000 y el doblete histórico (1994–2006)

La trayectoria de Zinedine Zidane con la selección francesa es, en términos de palmarés, una de las más completas de la historia del fútbol europeo. En doce años como internacional absoluto, disputó 108 partidos y marcó 31 goles, convirtiéndose en el cuarto jugador con más internacionalidades en la historia de Les Bleus. Con ella ganó la Copa del Mundo en 1998 y la Eurocopa en 2000, el único «doblete de selecciones» que un jugador francés ha logrado en la historia del fútbol.

Su debut el 17 de agosto de 1994 ya anticipó su capacidad para cambiar el curso de un partido: entró en el minuto 63 con Francia perdiendo 2-0 ante la República Checa y marcó los dos goles del empate. Tras la suspensión de Eric Cantona en 1995, asumió el rol de organizador del juego en la selección. En la Eurocopa 1996, disputada en Inglaterra, Francia llegó a semifinales antes de caer en penaltis ante la República Checa; Zidane no estuvo en su mejor nivel durante el torneo, pero convirtió en la tanda de penaltis tanto en cuartos como en semis.

La Copa del Mundo de 1998, disputada en Francia, fue el momento de mayor proyección de Zidane como figura global. El torneo comenzó con una expulsión: en el segundo partido de la fase de grupos, ante Arabia Saudita, pisó deliberadamente a un rival y fue sancionado con dos partidos de suspensión. Francia avanzó sin él, superando a Paraguay en octavos. Zidane regresó en cuartos de final ante Italia, donde su selección pasó en penaltis tras un empate sin goles, y en semifinales contribuyó a la victoria 2-1 sobre Croacia.

En la final, disputada el 12 de julio de 1998 en el Stade de France, marcó dos goles de cabeza en el primer tiempo —ambos en saques de esquina, lanzados respectivamente por Emmanuel Petit y Youri Djorkaeff— para poner a Francia 2-0 al descanso. Petit añadió el tercero en el tiempo de descuento. Esa noche, el rostro de Zidane fue proyectado sobre el Arco de Triunfo de París junto a las palabras «Merci Zizou». Más de un millón de personas se congregaron en los Campos Elíseos. Recibió la Legión de Honor ese mismo año.

Dos años después, en la Eurocopa 2000 disputada en Bélgica y los Países Bajos, Zidane ofreció lo que él mismo describió como su mejor actuación en un torneo de selecciones. La UEFA resumió su participación en estos términos: «En Bélgica y los Países Bajos, Zidane dominó un campeonato importante de una manera que ningún individuo había logrado desde Diego Maradona en 1986. Desde el primer partido contra Dinamarca hasta la final contra Italia, ‘Zizou’ brilló con fuerza, lanzando un hechizo sobre sus oponentes con regates inteligentes, gambetas hipnóticas, carreras en slalom y una visión magistral.» Francia derrotó a España en cuartos, a Portugal en semifinales y a Italia en la prórroga de la final con un gol de oro, convirtiéndose en el primer equipo en sostener simultáneamente el título mundial y el europeo desde la Alemania Occidental de 1974. El diario El País escribió al día siguiente: «El nombre de Zinedine Zidane ya es más famoso que el anagrama de Nike.»

El Mundial de 2002 en Japón y Corea fue la excepción en su historial con la selección. Una lesión en el cuádriceps izquierdo, sufrida en un partido preparatorio contra Corea del Sur, le impidió disputar los dos primeros partidos de la fase de grupos. Sin su organizador, Francia perdió 1-0 ante Senegal y empató 0-0 con Uruguay. Zidane regresó ante Dinamarca, pero no pudo evitar la derrota 2-0 que eliminó al campeón vigente en la primera ronda sin haber anotado un solo gol. Fue la peor actuación de un campeón defensor en la historia de los Mundiales hasta esa fecha.

Tras la eliminación en cuartos de la Eurocopa 2004 ante Grecia —a pesar de haber marcado tres goles en la fase de grupos, incluyendo una falta directa y un penalti ante Inglaterra en los últimos minutos para revertir una derrota inminente— Zidane anunció su retiro de la selección. Sin embargo, en agosto de 2005, el seleccionador Raymond Domenech lo convenció de volver para el Mundial de Alemania 2006. Thierry Henry resumió el sentimiento del vestuario con una frase que circuló en todos los medios:

«Lo que voy a decir puede sonar exagerado, pero es la verdad. Dios existe y ha vuelto al equipo francés.»

Zidane fue nombrado capitán en sustitución de Patrick Vieira. Con 34 años, fue el factor determinante en la remontada de una selección que no partía como favorita: marcó un gol y dio una asistencia en el triunfo 3-1 sobre España en octavos, asistió el gol de Thierry Henry en la victoria 1-0 sobre Brasil en cuartos —partido en el que fue elegido Mejor Jugador por la FIFA— y convirtió el penalti que eliminó a Portugal en semifinales.

En la final ante Italia, su penalti al estilo Panenka en el minuto 7 puso a Francia en ventaja. Pero en el minuto 110, tras el intercambio de palabras con Materazzi —quien, según se reveló posteriormente en entrevistas, había insultado a su hermana—, Zidane le propinó el cabezazo que le costó la expulsión. Francia perdió la final en penaltis 5-3. Al día siguiente, fue elegido Balón de Oro del torneo, convirtiéndose en el primer jugador expulsado en una final mundialista en recibir ese galardón. No regresó al campo para recogerlo. El presidente Jacques Chirac le envió un mensaje público que resumía el sentir de su país: «El partido que jugaste anoche estuvo lleno de talento y profesionalismo. Sé que estás triste y decepcionado, pero lo que quiero decirte es que todo el país está extremadamente orgulloso de ti.»

El perfil del jugador: técnica, táctica y la Roulette de Marsella

Zinedine Zidane jugó como mediocampista ofensivo, con el número 10 como dorsal habitual tanto en clubes como en selección. Su posición natural era la de organizador central: el jugador que recibía el balón entre líneas, se giraba bajo presión y distribuía el juego hacia adelante. En la terminología táctica contemporánea se le clasifica como un trequartista o mediapunta clásico, un jugador que operaba en el espacio entre el mediocampo y el ataque rival, con libertad para moverse lateralmente y hacia atrás cuando la situación lo requería.

Su pie dominante era el derecho, pero a lo largo de su carrera desarrolló una capacidad con el izquierdo que le permitió ejecutar el gol más célebre de su trayectoria —la volea en la final de Glasgow— con potencia y precisión. Michel Platini, que lo conoció en la selección francesa, lo describió así:

«Técnicamente, creo que es el rey de lo fundamental en el juego: el control y el pase. No creo que nadie pueda igualarlo cuando se trata de controlar o recibir el balón.»

El entrenador Kevin Keegan añadió: «Miras a Zidane y piensas: ‘Nunca he visto a un jugador así.’ Lo que lo diferencia es la forma en que manipula un balón, creándose espacio que no existe.» Su movimiento más característico fue la Roulette de Zidane, también conocida como la Marseille Turn: una pirueta de 360 grados en la que cubre el balón con la suela de un pie, lo arrastra hacia atrás y completa el giro con el otro, dejando al defensor mirando en la dirección equivocada. Ejecutada a alta velocidad y bajo presión, esa firma técnica fue adoptada por generaciones posteriores de mediocampistas en todo el mundo.

Roberto Carlos declaró: «Es el mejor jugador que he visto. Los aficionados llegaban antes al Bernabéu solo para verle calentar.» Ronaldinho afirmó: «Tenía una elegancia y una gracia tales, un toque maravilloso y una visión superior.» Zlatan Ibrahimović fue más directo: «Cuando Zidane pisaba el campo, los otros diez jugadores de repente mejoraban. Así de simple.»

En términos tácticos, Zidane rindió mejor en esquemas que le daban libertad de movimiento en el centro del campo. En la Juventus de Lippi operaba en un 4-3-3 o un 4-4-2, con un mediocampista defensivo —Deschamps o Davids— que le cubría las espaldas. En el Real Madrid el esquema era más fluido, con Zidane como eje central de un mediocampo que incluía a Figo, Makélélé y, posteriormente, Beckham. En la selección francesa de 1998 y 2000, el 4-2-3-1 de Aimé Jacquet y Roger Lemerre le daba el espacio necesario para dictar el ritmo del juego desde una posición avanzada.

Físicamente, medía 1.85 metros y tenía una constitución atlética que le permitía proteger el balón con el cuerpo bajo presión. No era el jugador más rápido de su generación —sus propios entrenadores reconocían que su velocidad era buena pero no excepcional—, pero compensaba esa limitación con una aceleración en los primeros metros y una agilidad en el giro que le permitían salir de situaciones comprometidas. Su capacidad aérea, aunque no era su punto más fuerte, le permitió marcar varios goles decisivos de cabeza a lo largo de su carrera, incluyendo los dos de la final del Mundial 1998.

Sus entrenadores destacaron con frecuencia su compromiso defensivo. Marcello Lippi y Carlo Ancelotti señalaron que no rehusaba las tareas defensivas cuando el esquema lo requería. En la temporada 2002-2003 con el Real Madrid fue el máximo asistente de La Liga, con 15 asistencias en 33 partidos. La evolución de su rendimiento con la edad siguió un patrón reconocible: el Zidane de la Juventus era más explosivo y productivo en términos goleadores; el de los primeros años en Madrid combinó esa productividad con una mayor influencia táctica; y en sus últimas temporadas adoptó un rol más pausado, basado en la lectura del juego y la distribución precisa.

La sombra sobre su perfil fue siempre la disciplina. A lo largo de su carrera acumuló 14 expulsiones, incluyendo dos en Mundiales y una en la Champions League. El propio Zidane lo reconoció sin evasivas: «Si miras las catorce tarjetas rojas de mi carrera, doce de ellas fueron resultado de una provocación. Esto no es una justificación, no es una excusa, pero mi pasión, mi temperamento y mi sangre me hicieron reaccionar.»

Familia, identidad y el peso de la fama: la vida de Zidane fuera del campo

A los diecisiete años, mientras jugaba para el AS Cannes, Zinedine Zidane conoció a Véronique Fernández, una bailarina profesional francesa de ascendencia española nacida en Aveyron. Se casaron en 1994, el mismo año de su debut con la selección francesa. Tuvieron cuatro hijos: Enzo (nacido el 24 de marzo de 1995, cuyo nombre rinde homenaje al uruguayo Enzo Francescoli), Luca (13 de mayo de 1998), Théo (18 de mayo de 2002) y Elyaz (26 de diciembre de 2005). Los cuatro siguieron los pasos de su padre en el fútbol y pasaron por las categorías inferiores del Real Madrid.

La identidad de Zidane como figura pública estuvo marcada desde el principio por la tensión entre sus dos pertenencias culturales. Nacido en Francia de padres argelinos, creció en un barrio donde esa doble condición era fuente tanto de orgullo como de conflicto. El cabezazo a Materazzi en 2006 fue, según el propio Zidane, la respuesta a insultos dirigidos a su hermana. En 2010 declaró que «preferiría morir antes que disculparse» con el italiano, pero también admitió que «nunca podría haber vivido consigo mismo» si hubiera podido quedarse en el campo y ayudar a Francia a ganar.

En una encuesta del diario Journal du Dimanche en 2004, Zidane fue votado «el francés más popular de todos los tiempos», por encima de personajes históricos y figuras políticas. Esa popularidad trascendió el fútbol: fue Embajador de Buena Voluntad de las Naciones Unidas desde 2001, participó regularmente en el Partido contra la Pobreza organizado por la UNDP junto a Ronaldo Nazário, y en 2016 fue nombrado uno de los 500 musulmanes más influyentes del mundo por el Centro Real de Estudios Estratégicos Islámicos de Jordania. En 2010 apareció en un comercial de Louis Vuitton jugando al futbolín con Pelé y Diego Maradona.

Su vida familiar durante los años de mayor exposición pública fue descrita por quienes lo conocieron como deliberadamente discreta. Véronique acompañó a su marido en todos sus traslados —de Cannes a Burdeos, de Burdeos a Turín, de Turín a Madrid— y los cuatro hijos crecieron en un entorno que, según los propios relatos de la familia, intentó mantener cierta normalidad a pesar de la omnipresencia mediática. En julio de 2019, su hermano mayor Farid murió de cáncer a los 54 años.

Sobre su religión, Zidane se describió en varias entrevistas como «musulmán no practicante». Nunca hizo de su fe un elemento central de su imagen pública, pero tampoco la ocultó. En 2006 visitó el pueblo natal de sus padres en Argelia y fue recibido por el presidente Abdelaziz Bouteflika con honores de Estado, en un gesto que los medios argelinos interpretaron como un reconocimiento de sus raíces, doce años después de haber elegido representar a Francia.

En 2005, los cineastas Philippe Parreno y Douglas Gordon filmaron el documental Zidane: Un retrato del siglo XXI, que sigue al jugador durante un partido completo del Real Madrid contra el Villarreal, captado con diecisiete cámaras. La banda sonora fue compuesta por el grupo escocés de post-rock Mogwai, y el documental fue seleccionado para el Full Frame Documentary Film Festival de 2009. En 2012, el artista franco-argelino Adel Abdessemed inauguró una escultura de bronce en el Centro Pompidou de París que representa el cabezazo a Materazzi, obra que desató un amplio debate en la prensa francesa sobre la relación entre el arte, el deporte y la violencia.

El legado de Zidane: de jugador a entrenador del Real Madrid y huella imborrable en el fútbol

Tras su retiro como jugador en julio de 2006, Zidane pasó varios años vinculado al Real Madrid en roles no técnicos. En noviembre de 2010, fue nombrado asesor especial del primer equipo a petición del entrenador José Mourinho. En julio de 2011 asumió el cargo de director deportivo del club, y en 2013 Carlo Ancelotti lo incorporó como segundo entrenador del primer equipo. El 24 de junio de 2014, fue nombrado entrenador del Real Madrid Castilla, el equipo filial, en la Segunda División B de España.

El 4 de enero de 2016, el Real Madrid destituyó a Rafa Benítez y le entregó las riendas del primer equipo. Su debut fue una victoria 5-0 sobre el Deportivo de La Coruña. En su primer Clásico como entrenador, el 2 de abril de 2016 en el Camp Nou, el Real Madrid ganó 2-1 al Barcelona, poniendo fin a una racha de 39 partidos invictos de los catalanes. El 28 de mayo de 2016, el club conquistó la «Undécima» Copa de Europa al imponerse al Atlético de Madrid en la final de Milán en la tanda de penaltis. Zidane se convirtió en el primer francés en ganar la Champions League como entrenador, y en el séptimo técnico en lograrlo tanto como jugador como entrenador.

En la temporada 2016-2017, el Real Madrid ganó La Liga —su primera en cinco años— y la Champions League por segunda vez consecutiva, convirtiéndose en el primer equipo en defender el título en la era de la competición con ese formato. Zidane ganó el premio al Mejor Entrenador del Mundo de la FIFA en 2017. La siguiente temporada, el club ganó la Champions League por tercera vez consecutiva —un récord absoluto en la historia del torneo— al derrotar al Liverpool 3-1 en la final de Kiev. Cinco días después de esa final, anunció su dimisión argumentando que el club necesitaba «un cambio». Era el primer técnico en ganar tres Champions League consecutivas.

El exfutbolista y comentarista Jorge Valdano escribió en El País tras la segunda Liga conquistada como entrenador en 2020:

«En su arriesgado regreso al club, se encontró una plantilla con otra relación de fuerzas y, después de una difícil travesía, comprometió al equipo para un reparto más democrático del gol (21 jugadores marcaron en esta triunfal Liga) y para defender la propia portería como un solo hombre (solo 23 goles en contra). Llegados a este punto, es hora de reconocer que Zidane es el mejor entrenador posible para cualquier Real Madrid.»

Regresó al Real Madrid en marzo de 2019, a petición de Florentino Pérez, tras una serie de malos resultados que incluyó una eliminación ante el Ajax en la Champions League. En su segunda etapa ganó la Supercopa de España 2020 y La Liga 2019-2020, conquistada tras la pandemia de COVID-19 con diez victorias consecutivas para cerrar el título. Dejó el club definitivamente en mayo de 2021. En total, como entrenador del Real Madrid acumuló 11 títulos en 263 partidos, con un porcentaje de victorias del 72.37%.

El legado de Zidane como jugador es, en términos de reconocimientos individuales, uno de los más extensos de la historia del fútbol. Ganó el Balón de Oro en 1998, fue elegido Mejor Jugador del Mundo por la FIFA en 1998, 2000 y 2003, y fue votado por la UEFA como el mejor futbolista europeo de los últimos 50 años en 2004. Pelé lo incluyó en la FIFA 100 ese mismo año y declaró: «Zidane es el maestro. En los últimos diez años, no ha habido nadie como él; ha sido el mejor jugador del mundo.» En 2011, la UEFA lo eligió como el mejor jugador de la historia de la Champions League, y en 2020 fue incluido en el Dream Team histórico del Balón de Oro como mediocampista ofensivo.

Su influencia sobre generaciones posteriores de futbolistas es documentable. Eden Hazard declaró que Zidane era «el mejor de todos los tiempos» y que de niño pasaba horas viéndolo en televisión. Xavi Hernández lo describió en 2010 como «el mejor jugador de los años noventa y principios de los dos mil». Esas declaraciones reflejan el impacto que tuvo sobre sus contemporáneos y sobre quienes lo vieron jugar en su etapa de formación.

La figura de Zidane contiene, sin embargo, una contradicción que ningún análisis puede ignorar. El mismo hombre que ejecutó la volea más técnica de la historia de la Champions League protagonizó también la expulsión más filmada de la historia del fútbol. El mismo jugador que fue elegido Mejor Jugador del Torneo en el Mundial 2006 fue expulsado en la final de ese torneo. Esa dualidad —la elegancia y el impulso, el control y la pérdida de control— no es un accidente en su historia: es su característica definitoria. «Mi pasión, mi temperamento y mi sangre me hicieron reaccionar», reconoció él mismo. Esa frase podría servir como síntesis de una carrera simultáneamente bella y contradictoria: la de un hombre que pasó de las plazas de hormigón de La Castellane al Arco de Triunfo de París, que ganó todo lo que el fútbol puede dar y que, en su último acto como jugador, eligió la reacción sobre el cálculo. Esa elección, más que cualquier trofeo o estadística, es lo que hace de Zinedine Zidane una figura que el fútbol no ha podido olvidar.

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