El 29 de mayo de 1968, Wembley contenía la respiración. Manchester United y Benfica llegaban al tiempo extra con el marcador empatado a uno, y entonces ocurrió: un joven de 22 años con el cabello oscuro al estilo de los Beatles recibió el balón en el área, amago hacia un lado, dejó al portero en el suelo y empujó la pelota hacia la red con una calma casi ofensiva. El 2-1. Manchester United terminaría ganando 4-1 y se convertiría en el primer club inglés en alzar la Copa de Europa. George Best acabó el partido con ese gol, y ese mismo diciembre sería nombrado el mejor futbolista del continente.
Aquella imagen resume lo que Best significó para el fútbol de su época: un extremo de Belfast que combinaba velocidad, regate, equilibrio y gol con una naturalidad que los entrenadores no sabían cómo explicar técnicamente. Su historia, sin embargo, no fue la de un ascenso lineal hacia la gloria. Fue algo más complicado y más humano: la historia de un talento extraordinario que convivió con una fragilidad igualmente extraordinaria, y cuya carrera en el club que lo formó terminó antes de que cumpliera 28 años.
¿Cómo llegó un muchacho del barrio Cregagh a convertirse en el primer futbolista mediático de la historia moderna? La respuesta comienza en las calles del este de Belfast, a mediados de la década de 1950.
El muchacho de Cregagh que nunca soltó el balón (Belfast, 1946–1961)
George Best nació el 22 de mayo de 1946 en Belfast, el primero de los seis hijos de Richard «Dickie» Best y Anne Withers. La familia vivía en el barrio Cregagh, al este de la ciudad, una zona de viviendas de protección oficial habitada principalmente por la comunidad protestante. El padre trabajaba en los astilleros y era miembro de la Orange Order; la madre, Anne, había representado a Irlanda del Norte como jugadora internacional de hockey sobre hierba. En casa se practicaba la fe presbiteriana libre.
Desde muy pequeño, George mostró una relación inusual con el balón. Su madre recordaba que el niño ya se mantenía en pie a los diez meses de edad y que, desde entonces, rara vez se le veía sin una pelota entre los pies. Los campos del barrio, conocidos como Cregagh Green, fueron su primer escenario. En 1957 aprobó el examen de admisión «11-plus» y fue aceptado en el Grosvenor High School, pero el centro se especializaba en rugby union y comenzó a faltar a clases. Lo transfirieron al Lisnasharragh Secondary School, donde pudo concentrarse en el fútbol y se incorporó al Cregagh Boys Club.
Belfast era entonces una ciudad industrialmente activa pero socialmente fracturada. Las tensiones entre las comunidades protestante y católica eran parte del paisaje cotidiano. Para un muchacho del Cregagh, el fútbol era también una puerta hacia algo más grande que las calles del este.
A los 15 años, Best fue descubierto por Bob Bishop, el scout de Manchester United en Irlanda del Norte. El Glentoran ya lo había rechazado por considerarlo «demasiado pequeño y ligero», pero Bishop vio algo distinto. El telegrama que le envió al entrenador Matt Busby se convirtió en una de las frases más citadas del fútbol inglés: «Creo que te he encontrado un genio» Best viajó a Manchester, la nostalgia del hogar pudo más y regresó a Belfast a los dos días. Fue su padre quien lo convenció de intentarlo de nuevo.
El aprendiz de genio en Old Trafford: los primeros años en Manchester United (1963–1967)
Cuando Best regresó a Manchester para quedarse, tenía 15 años y no podía ser contratado formalmente: las reglas de la Football Association prohibían a los clubes ingleses fichar a jugadores de Irlanda del Norte como aprendices. Manchester United le consiguió un trabajo como mensajero en el Manchester Ship Canal, lo que le permitía entrenar con el club dos veces por semana. Pasó dos años como amateur antes de firmar su primer contrato profesional.
Su debut en la First Division llegó el 14 de septiembre de 1963, con 17 años, en Old Trafford frente al West Bromwich Albion. El United ganó 1-0. Best volvió a las reservas, pero regresó al primer equipo el 28 de diciembre para anotar en una victoria por 5-1 ante el Burnley. Matt Busby decidió no bajarlo más. Al cierre de la temporada 1963-64, el joven norirlandés había disputado 26 partidos y marcado 6 goles, y además capitaneó al equipo juvenil que ganó la FA Youth Cup de 1964, el primer título de esa categoría para el club desde el desastre aéreo de Múnich en 1958.
La temporada 1964-65, su primera como titular regular, fue también la del primer gran título. Best contribuyó con 14 goles en 59 partidos, y Manchester United ganó la liga. El título se resolvió en la última jornada: una victoria por 1-0 en Elland Road frente al Leeds United bastó para superar a los rivales por diferencia de goles. Busby utilizaba un esquema de 4-2-4 que ajustaba según el rival, y Best operaba como extremo derecho con licencia para cortar hacia el centro y buscar el gol.
La temporada siguiente, 1965-66, fue la que lo lanzó a la fama más allá de las páginas de deportes. El 9 de marzo de 1966, Manchester United visitó el Estádio da Luz de Lisboa para enfrentar al Benfica en cuartos de final de la Eurocopa. Busby había instruido a sus extremos a mantenerse profundos durante los primeros 20 minutos. Best tenía 19 años y, según varios compañeros, ignoró la instrucción desde el primer toque de balón. Anotó dos goles en los primeros doce minutos. El United ganó 5-1. La prensa portuguesa, deslumbrada por su actuación y su cabello al estilo de los Beatles, lo bautizó «O Quinto Beatle». Al aterrizar de vuelta en Inglaterra, fue fotografiado en el aeropuerto con un sombrero y el titular simplemente decía: «El Beatle».
La Copa de Europa, el Balón de Oro y el principio del fin (Manchester United, 1967–1974)
La temporada 1966-67 trajo el segundo título de liga. El equipo terminó primero con 60 puntos, y el año siguiente llegaría la noche más importante de la historia del club. En la temporada 1967-68, Manchester United alcanzó la final de la European Cup por primera vez desde el desastre de Múnich. El partido se disputó el 29 de mayo de 1968 en Wembley ante 92,225 espectadores, y el rival era, de nuevo, el Benfica. Fue en el tiempo extra cuando Best recibió el balón en el área, dejó al portero Henrique en el piso con una finta y empujó la pelota al fondo de la red para el 2-1. El United terminó ganando 4-1, convirtiéndose en el primer club inglés en ganar la Copa de Europa.
Ese mismo año, Best fue nombrado el mejor futbolista Europeo del año, el equivalente al Balón de Oro de la época. Recibió 61 puntos en la votación de periodistas deportivos de los países miembros de la UEFA, superando a su compañero Bobby Charlton, que acumuló 53. Era el primer —y hasta hoy único— jugador de Irlanda del Norte en ganar el premio. Tenía 22 años.
Las temporadas que siguieron mostraron a un Best en el pico de sus capacidades técnicas, pero también el comienzo de un patrón que sus entrenadores y compañeros registraban con creciente preocupación. En 1967-68 había marcado 32 goles en todas las competencias, su mejor registro individual. Las ausencias a los entrenamientos se volvieron más frecuentes. Los periódicos ingleses, que habían construido la imagen del «quinto Beatle», publicaban ahora con el mismo entusiasmo las historias de sus noches en los clubes de Manchester.
En enero de 1970, el club lo suspendió durante cuatro semanas por faltar a un entrenamiento. Matt Busby se había retirado en 1969, y sus sucesores —Wilf McGuinness, Frank O’Farrell y Tommy Docherty— no lograron establecer la misma relación de autoridad y confianza que Busby había tenido con él. Quienes jugaron a su lado recuerdan que Best respetaba a Busby de una manera que simplemente no mostró a ningún otro entrenador.
Su último partido oficial con el United fue el 1 de enero de 1974, una derrota por 3-0 ante el Queens Park Rangers. Tenía 27 años. En once temporadas había disputado 470 partidos, marcado 179 goles y sido el máximo goleador del equipo en la liga durante cinco temporadas consecutivas. Se marchó con dos títulos de liga, dos Charity Shields y una Copa de Europa.
Una década de nomadismo: de Los Ángeles a Edimburgo (1974–1984)
Tras dejar el United, Best pasó una década moviéndose entre clubes de distintos continentes, sin detenerse demasiado en ninguno. En 1974 jugó cinco partidos con el Jewish Guild en Sudáfrica y dos con el Dunstable Town en Inglaterra. En 1975 se repartió entre el Stockport County y el Cork Celtic en Irlanda, tres partidos en cada club.
El tramo más significativo de esa etapa fue su paso por la Liga de Futbol de America del Norte (NASL). En 1976 firmo contrato con Los Angeles Aztecs, donde disputó 23 partidos y marcó 15 goles. La liga norteamericana atraía en esos años a figuras como Pelé en el New York Cosmos y Franz Beckenbauer, y ofrecía condiciones económicas que Europa difícilmente igualaba. Best regresó a los Aztecs en la temporada 1977-78 (32 partidos, 12 goles), y también vistió la camiseta de los Fort Lauderdale Strikers (1978-79, 28 partidos, 6 goles) y los San Jose Earthquakes (1980-81, 56 partidos, 21 goles).
Entre sus temporadas en Estados Unidos encontró tiempo para firmar con el Fulham de Londres en 1976, donde jugó 42 partidos y marcó 8 goles junto a Bobby Moore, el capitán de la selección inglesa campeona del mundo en 1966.
En 1979 llegó a Edimburgo para jugar con el Hibernian. Las crónicas escocesas de la época describen ese período como «una mezcla de escándalo y habilidad»: llegaba tarde a los entrenamientos, desaparecía durante días y luego aparecía en el campo para producir actuaciones que sus compañeros recordarían durante décadas. Completó su periplo con cinco partidos con el AFC Bournemouth en 1982-83 y cuatro con el Brisbane Lions en Australia en 1983. Su último partido profesional registrado fue en 1984, con el Tobermore United de Irlanda del Norte. A lo largo de toda su carrera, Best disputó 616 partidos y marcó 204 goles en todos los clubes que representó.
Él mejor que nunca jugó un Mundial: George Best y la selección de Irlanda del Norte (1964–1977)
Entre 1964 y 1977, George Best representó a la selección de Irlanda del Norte en 37 ocasiones y marcó 9 goles. La Irish Football Association lo describió como «el mejor jugador que jamás vistió la camiseta verde de Irlanda del Norte». Sin embargo, nunca pisó la fase final de un torneo internacional mayor. Durante los años en que estuvo en activo, Irlanda del Norte no logró clasificarse para ninguna Copa del Mundo ni Eurocopa. La clasificación para el Mundial de España 1982 llegó cuando Best ya tenía 35 años y su nivel físico distaba mucho de sus mejores épocas.
El propio Best solía describir su carrera internacional como «fútbol recreativo», una expresión que reflejaba tanto la diferencia de nivel entre el United y la selección nacional como la menor exigencia que encontraba cuando vestía la camiseta verde. En 1999, cuando la FIFA organizó la votación para elegir al mejor jugador del siglo XX, Best quedó en quinto lugar. Varios analistas señalan que la ausencia de participaciones mundiales probablemente afectó su posicionamiento en esa votación. Él mismo reconoció en diversas entrevistas que no haber jugado un Mundial fue la mayor frustración de su vida deportiva.
El perfil técnico de George Best: lo que lo hacía diferente
Best jugó principalmente como extremo derecho, aunque también actuó como mediocampista atacante según el esquema que requería el partido. En el United de Busby, su función era la de un extremo con libertad para cortar hacia el interior, buscar el mano a mano y definir. El equipo solía alinearse en un 4-2-4 que se transformaba en un 4-4-2 al defender, con Best como uno de los cuatro delanteros.
Los analistas de la época coincidían en señalar las mismas cualidades: control del balón en espacios reducidos, velocidad con la pelota en los pies, capacidad de cambio de ritmo, equilibrio excepcional bajo el contacto físico y el dominio efectivo de ambas piernas. Best era zurdo de nacimiento, pero desarrolló la derecha hasta un nivel que le permitía definir con cualquiera de las dos. A pesar de su altura —1,75 metros—, compensaba en el juego aéreo con un timing de salto que le permitía ganar duelos contra defensores más altos.
Pero había algo que iba más allá de las habilidades técnicas. Los entrenadores y compañeros de distintos clubes describían una misma cualidad: la capacidad de leer el juego antes de recibir el balón. Best sabía dónde iba a moverse el defensor antes de que este se moviera, lo que le permitía anticipar el espacio libre con una fracción de segundo de ventaja. Esa lectura del juego, sumada a su velocidad de ejecución, hacía que sus movimientos parecieran más sencillos de lo que eran. Para muchos analistas que han estudiado el fútbol de esa época, Best fue el primer jugador en reunir, en un solo perfil, las características que décadas después definirían a los grandes extremos: velocidad, regate, gol y asistencia.
El primer futbolista famoso más allá del fútbol: fama, imagen y alcoholismo
Antes de que existiera el término «futbolista mediático», existió George Best. En la segunda mitad de la década de 1960, su imagen apareció en anuncios de ropa, portadas de revistas de moda y programas de televisión. Abrió boutiques en Manchester y protagonizó campañas para diversas marcas. En 1970, la revista GQ lo incluyó entre los hombres más elegantes del mundo. Su estética —el cabello largo al estilo de los Beatles, los rasgos marcados— encajaba a la perfección con la cultura pop de los años 60, y él lo sabía.
Su vida personal fue objeto de cobertura periodística constante. Se casó con Angela MacDonald Janes, conocida como Angie Best, con quien tuvo un hijo, Calum Best, nacido en 1981. El matrimonio terminó en divorcio. Pero la sombra que terminó por definir su vida fuera del campo fue el alcoholismo. Best empezó a beber de manera problemática durante sus años en el United, aunque el problema se hizo público de forma más visible después de su salida del club.
En 1984 fue condenado a tres meses de prisión por conducir ebrio y agredir a un policía. Pasó la Navidad de ese año en la cárcel Ford Open Prison. En septiembre de 1990 apareció en el programa de entrevistas «Wogan» de la BBC en estado de evidente embriaguez, en horario de máxima audiencia. Y en 2002, en una entrevista con The Guardian, reconoció con crudeza: «Estaba enfermo y todo mundo lo notaba menos yo»
El final de una batalla: el declive y la muerte de George Best (2000–2005)
En marzo de 2000, los médicos le informaron que su hígado funcionaba al 20% de su capacidad. En 2001 fue hospitalizado con neumonía. A finales de julio de 2002 se sometió a un trasplante de hígado en el Cromwell Hospital de Londres, financiado por el sistema público de salud. Durante la intervención sufrió una hemorragia grave que casi le costó la vida.
El trasplante desató una controversia pública. Varios médicos y columnistas cuestionaron abiertamente si era ético operar a un paciente cuyo daño hepático era consecuencia directa del consumo de alcohol. La polémica se intensificó en 2003, cuando Best fue fotografiado bebiendo vino blanco en un lugar público. El 2 de febrero de 2004 fue condenado nuevamente por conducir bajo los efectos del alcohol.
El 3 de octubre de 2005 ingresó en cuidados intensivos con una infección renal causada por los efectos secundarios de los medicamentos inmunosupresores. El 20 de noviembre, el tabloide News of the World publicó, a petición del propio Best, una fotografía en la que aparecía en su cama de hospital con ictericia visible. La imagen llevaba un mensaje escrito por él: «Don’t die like me» (No mueras como yo). En las primeras horas del 25 de noviembre de 2005, los médicos suspendieron el tratamiento. George Best murió ese mismo día, a los 59 años, como resultado de una infección pulmonar y fallo multiorgánico.
El legado de George Best: lo que quedó después del 25 de noviembre de 2005
Las reacciones a su muerte llegaron desde todos los rincones del mundo del fútbol. Pelé, Diego Maradona y Johan Cruyff rindieron tributo públicamente. Maradona declaró: «George me inspiró cuando era joven. Era extravagante y emocionante y capaz de inspirar a sus compañeros. Creo que éramos jugadores muy similares: regateadores capaces de crear momentos de magia.»
El funeral se celebró el 3 de diciembre de 2005. El cortejo partió de la casa familiar en Cregagh Road y recorrió las calles de Belfast hasta Stormont. Unas 100,000 personas se alinearon en las aceras para verlo pasar. El servicio en el Grand Hall de Stormont fue transmitido en directo por la BBC. Best fue enterrado en el cementerio de Roselawn, en las colinas del este de Belfast, junto a su madre.
En mayo de 2006, el aeropuerto de Belfast fue renombrado George Best Belfast City Airport. Frente a Old Trafford se erige la estatua conocida como «United Trinity», que representa a Best, Denis Law y Bobby Charlton, y es uno de los monumentos más fotografiados del fútbol inglés. En Irlanda del Norte, el billete de cinco libras emitido por el Danske Bank lleva su imagen. En 1999, la FIFA lo incluyó en el quinto puesto de su votación para elegir al mejor jugador del siglo XX, y en 2002 fue uno de los primeros admitidos al Salon de la fama del futbol inglés.
La figura de Best plantea una pregunta que los historiadores del fútbol han debatido durante décadas: ¿qué habría sido de su carrera si hubiera podido controlar el alcoholismo? La respuesta es imposible de verificar. Lo que sí queda documentado es lo que ocurrió: un jugador que ganó la Copa de Europa a los 22 años, que fue el mejor del mundo en 1968, que dejó el fútbol de élite a los 27 y que murió a los 59 después de décadas de lucha contra una enfermedad que él mismo reconoció públicamente. El fútbol que jugó en sus mejores años sigue siendo objeto de análisis y admiración. La complejidad de su historia completa —los goles y las ausencias, los títulos y las noches en los clubes de Manchester, el trasplante y el vaso de vino blanco— es lo que hace que su figura siga siendo relevante más de veinte años después de su muerte.