El 7 de julio de 1974, en el Olympiastadion de Munich, ante 75.200 espectadores, el árbitro inglés Jack Taylor pitó el final del partido. Alemania Occidental 2, Países Bajos 1. Franz Beckenbauer, con 28 años y el brazalete de capitán en el brazo izquierdo, recorrió el campo con la nueva Copa del Mundo FIFA entre las manos. Era el primer capitán en la historia en levantar el trofeo de diseño moderno —el que había reemplazado al Jules Rimet, retenido de forma definitiva por Brasil en 1970— y lo hacía en suelo alemán, ante su propia afición.
Lo que Beckenbauer hizo en esa final no fue únicamente ganar un campeonato. Fue demostrar, en el escenario más exigente del deporte mundial, que un defensa podía ser el motor de un equipo. Frente a los Países Bajos de Johan Cruyff y su «Fútbol Total» —el sistema que dominaba el debate táctico de la época—, Beckenbauer y sus compañeros aplicaron una presión defensiva disciplinada que neutralizó al jugador más influyente del torneo. Cruyff, que había marcado el ritmo de toda la competencia, terminó el partido sin haber podido imponer su juego. La diferencia no fue solo física ni táctica: fue la capacidad de Beckenbauer de leer el partido desde una posición que, hasta entonces, nadie había ocupado de esa manera.
Franz Anton Beckenbauer fue defensa, pero no en el sentido convencional del término. Fue el arquitecto de una posición nueva: el libero atacante, el barredor que no esperaba al rival sino que salía a buscarlo, que distribuía el juego con la precisión de un mediocampista y que se proyectaba hacia el arco contrario con una naturalidad que sus contemporáneos describían como desconcertante. En 13 temporadas con el Bayern Munich, 103 partidos con la selección de Alemania Occidental y dos Balones de Oro, construyó una carrera que los analistas del siglo XXI siguen citando como modelo. Pero la historia de cómo llegó hasta allí comienza en un barrio obrero de Munich, en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, marcada tanto por la determinación como por la casualidad.
Los años de Giesing: de la posguerra al primer sueño profesional
Franz Anton Beckenbauer nació el 11 de septiembre de 1945 en una clínica privada del barrio de Maxvorstadt, en Munich, apenas cuatro meses después del fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Su padre, Franz Beckenbauer Sr., era trabajador postal; su madre, Antonie, de soltera Hupfauf, era ama de casa. La familia vivía en Giesing, un barrio de clase trabajadora en el sur de la ciudad, conocido por estar a poca distancia del Grünwalder Stadion, donde el TSV 1860 Munich —el club favorito de la ciudad en aquella época— disputaba sus partidos. Franz era el segundo hijo del matrimonio; su hermano Walter había nacido en 1941. Criado como católico practicante, sirvió de monaguillo en la parroquia de Munich-Obergiesing durante su infancia.
El fútbol entró en su vida a los nueve años, en 1954, cuando se unió al equipo juvenil del SC Munich ’06, un club de barrio con escasos recursos. El año no era casual: en julio de ese mismo año, Alemania Occidental había ganado su primera Copa del Mundo en Berna, derrotando a Hungría en lo que los alemanes llamarían el «Milagro de Berna». El capitán de aquella selección, Fritz Walter, se convirtió en su ídolo de infancia. Y el club de sus amores no era el Bayern Munich sino el TSV 1860, entonces el equipo dominante de la ciudad. «Siempre fue mi sueño jugar para ellos», confirmaría Beckenbauer años más tarde.
Sin embargo, un torneo sub-14 cambió el rumbo de su carrera de forma definitiva. El SC Munich ’06 y el 1860 se encontraron en la final, y durante el partido una serie de roces terminó en un enfrentamiento físico entre Beckenbauer y un jugador rival. La mala sangre que quedó fue suficiente para que él y varios de sus compañeros decidieran unirse al Bayern Munich en lugar del club que habían admirado. Fue en 1959, con 13 años, cuando Franz cruzó las puertas de la cantera del Bayern.
Los cinco años de formación en el Bayern fueron el período en que pasó de ser un delantero centro con buen olfato goleador a convertirse en un mediocampista de construcción. Los entrenadores de la cantera observaron en él una capacidad de lectura del juego inusual para su edad y una técnica con el balón que le permitía operar en espacios reducidos. Pero la adolescencia también tuvo sus sombras: en 1963, a los 18 años, la DFB (Federación Alemana de Fútbol) lo expulsó de la selección juvenil cuando se supo que su novia estaba embarazada y él no tenía intención de casarse con ella. Solo la intervención del entrenador Dettmar Cramer logró que fuera readmitido. El episodio reveló, desde temprano, que la vida de Beckenbauer fuera del campo sería tan compleja como su brillantez dentro de él.
El 6 de junio de 1964, con 18 años recién cumplidos, llegó el debut. El Bayern Munich enfrentó al FC St. Pauli en un partido de play-off de ascenso a la Bundesliga. El resultado fue 4-0. Beckenbauer jugó como extremo izquierdo y marcó un gol. El club ascendería a la primera división ese mismo año, y él no volvería a abandonarla en los siguientes trece.
La construcción de un imperio: el Bayern Munich de la era dorada
La primera temporada de Beckenbauer en el primer equipo del Bayern coincidió con el último año del club en la Regionalliga Süd, la segunda división regional. En esa campaña 1964-65 anotó 16 goles en 31 partidos de liga, una cifra que refleja que su posición inicial era más ofensiva que la que lo haría famoso. El Bayern ganó la liga regional y ascendió a la Bundesliga para la temporada 1965-66, el tercer año de existencia del campeonato nacional alemán.
La transición desde el mediocampo hacia la posición de barredor no fue abrupta sino gradual, impulsada tanto por las necesidades del equipo como por su propia intuición táctica. A medida que el Bayern fue incorporando jugadores de mayor calidad en las posiciones ofensivas —entre ellos el delantero Gerd Müller—, Beckenbauer fue encontrando en el fondo del campo un espacio donde su visión de juego resultaba más determinante. Hacia la temporada 1968-69, cuando asumió la capitanía del equipo, la transformación era completa: operaba como libero, la posición de barredor que en el fútbol europeo de la época era estrictamente defensiva pero que él estaba redefiniendo. El Bayern ganó su primer título de Bundesliga en 1969, con Beckenbauer como capitán.
El apodo «der Kaiser» —el Emperador— comenzó a circular entre la prensa y la afición a partir de 1968. La versión más popular de su origen sitúa la escena en Viena, durante un partido amistoso del Bayern, cuando Beckenbauer posó para una sesión fotográfica junto a un busto del emperador Francisco José I de Austria. Los medios lo llamaron «Fußball-Kaiser» y el apodo quedó. Otra versión, recogida por el diario alemán Welt am Sonntag, lo atribuye a un incidente en la final de copa de ese mismo año contra el Schalke 04, cuando Beckenbauer, ignorando los abucheos del público rival, condujo el balón con calma frente a las gradas enemigas tras cometer una falta sobre Reinhard Libuda, conocido como el «Rey de Westfalia». La prensa buscó un título aún más elevado y eligió «el Emperador».
Entre 1972 y 1974, el Bayern encadenó tres títulos consecutivos de Bundesliga, convirtiéndose en el primer club alemán en lograrlo. En paralelo, el equipo construyó una maquinaria europea que culminaría en el triplete de Copas de Europa entre 1974 y 1976. El núcleo de ese equipo era formidable: Sepp Maier en portería, Beckenbauer como libero, Georg Schwarzenbeck como central, Paul Breitner como lateral, Uli Hoeness en el mediocampo y Gerd Müller como referencia ofensiva. Los entrenadores Udo Lattek y luego Dettmar Cramer articularon un sistema que aprovechaba al máximo las capacidades del Kaiser: el libero no solo cerraba espacios, sino que iniciaba el juego, distribuía el balón con precisión y se sumaba al ataque cuando el partido lo requería.
Un análisis del Bayern Munich de esa época, elaborado por el jefe de análisis táctico del club Markus Brunnschweiger y publicado en la revista oficial en 2024, describe el juego de Beckenbauer con precisión: «Su pie derecho, especialmente el exterior, le permitía distribuir el balón a todos los rincones del campo. Sus compañeros recibían el balón sin necesidad de frenar, lo que hacía su juego de construcción flexible y difícil de defender.» La estadística que acompaña ese análisis es reveladora: en 582 partidos con el Bayern, Beckenbauer recibió solo cuatro tarjetas amarillas y ninguna roja.
La Copa de Europa de 1974, conquistada en el estadio Heysel de Bruselas frente al Atlético de Madrid, fue el primer título continental del Bayern y el primero de tres consecutivos. Beckenbauer levantó el trofeo como capitán, y el club volvió a conquistarlo en 1975 y en 1976, esta última vez ante el Saint-Étienne en Hampden Park, Glasgow. Fue el primer jugador en la historia en ganar tres Copas de Europa como capitán de su club. Al término de la temporada 1976-77, su palmarés con el Bayern era extraordinario:
- Cuatro títulos de Bundesliga (1969, 1972, 1973, 1974)
- Cuatro Copas Alemanas (1966, 1967, 1969, 1971)
- Tres Copas de Europa consecutivas (1974, 1975, 1976)
- Una Copa de Ganadores de Copa (1967)
Der Kaiser con la camiseta nacional: de Estocolmo a Munich
Franz Beckenbauer debutó con la selección de Alemania Occidental el 26 de septiembre de 1965, en un partido de clasificación para el Mundial contra Suecia en Estocolmo. Tenía 20 años, Alemania ganó 2-1, y aquella tarde fue el comienzo de una carrera internacional que se extendería doce años. En ese tiempo disputaría 103 partidos, anotaría 14 goles y participaría en tres Copas del Mundo y dos Eurocopas, convirtiéndose en el jugador más seleccionado de la historia alemana hasta que Lothar Matthäus superó su marca en 1993.
La Copa del Mundo de 1966 en Inglaterra fue su presentación global. Beckenbauer jugó todos los partidos del torneo, anotó cuatro goles y llegó a la final en Wembley, donde tanto él como el inglés Bobby Charlton recibieron instrucciones de marcarse mutuamente, lo que terminó neutralizando a ambos. Inglaterra ganó 4-2 en la prórroga. Beckenbauer fue nombrado Mejor Jugador Joven del torneo, y Charlton, en declaraciones recogidas por la prensa de la época, describió su presencia en el campo con una frase que los cronistas reprodujeron ampliamente:
«El mensaje que enviaba era: ‘Ni lo intentes. Salir a enfrentarme es una pérdida de tiempo.'» — Bobby Charlton, leyenda del Mundial de Inglaterra 1966.
El Mundial de México 1970 produjo uno de los episodios más citados de toda su carrera. En la semifinal contra Italia, en el Estadio Azteca de Ciudad de México —partido que la prensa italiana bautizó como «el Partido del Siglo»—, Beckenbauer se dislocó el hombro derecho en el minuto 70. Alemania Occidental ya había agotado sus dos sustituciones permitidas. Aun así, continuó jugando con el brazo inmovilizado en un cabestrillo improvisado. El partido terminó 4-3 para Italia en la prórroga, y la imagen de Beckenbauer con el brazo vendado siguiendo el juego se convirtió en una de las más reproducidas del fútbol de esa época.
En 1971 asumió la capitanía de la selección nacional. Al año siguiente, en la Eurocopa de 1972, Alemania Occidental ganó el título con una victoria de 3-0 sobre la Unión Soviética en la final de Bruselas, el primer título europeo de la historia de la selección alemana. Beckenbauer fue elegido Balón de Oro ese año, el primero de los dos que ganaría.
La Copa del Mundo de 1974 fue el momento cumbre de su carrera internacional. El torneo incluyó un partido histórico entre las dos Alemanias —Alemania Occidental perdió 1-0 ante Alemania Oriental en la fase de grupos—, pero el equipo se recuperó y llegó a la final contra los Países Bajos de Johan Cruyff. El partido comenzó con un penal a favor de Holanda en el primer minuto, antes de que ningún alemán tocara el balón. Alemania Occidental empató con otro penal y luego tomó la delantera con un gol de Gerd Müller en la primera mitad. El marcador no volvió a moverse. Beckenbauer levantó la copa como capitán, convirtiéndose en el primer jugador en la historia en alzar el trofeo de diseño moderno.
Cuatro años después, en la Eurocopa de 1976, Alemania Occidental llegó nuevamente a la final pero perdió en penales contra Checoslovaquia. Beckenbauer se retiró de la selección en 1977, a los 31 años, tras su traslado al New York Cosmos.
El secreto de un libero irrepetible: análisis de su juego
La posición de libero que Beckenbauer ocupó durante la mayor parte de su carrera existía antes de él, pero no de la manera en que él la practicó. El libero clásico del fútbol europeo de los años sesenta era un defensa de cobertura, el último hombre antes del portero, cuya función principal era interceptar balones y despejar peligros. Beckenbauer transformó ese rol en algo cualitativamente diferente: un jugador que iniciaba el juego desde el fondo, distribuía el balón con la precisión de un mediocampista creativo y se proyectaba hacia posiciones ofensivas cuando el partido lo permitía.
Su pie derecho era su herramienta principal, y el exterior de ese pie le permitía enviar pases curvados con una precisión que sus compañeros describían como característica: el balón llegaba sin necesidad de que el receptor se detuviera, lo que aceleraba el ritmo de juego del equipo. Prefería los pases al espacio sobre los pases al pie, una decisión táctica que obligaba a sus compañeros a moverse activamente y que hacía más difícil para los rivales anticipar las líneas de pase. Su dominio del uno-dos —pasar y continuar la carrera para recibir de vuelta— era una constante, y Gerd Müller fue uno de sus socios más frecuentes en esa mecánica.
En términos defensivos, se distinguía por su capacidad de anticipación. En lugar de esperar al rival en posición estática, se colocaba de forma proactiva para interceptar el balón antes de que el atacante pudiera recibir o girar. Su tiempo de intervención en los duelos era impecable: ganaba el balón con acciones limpias que raramente terminaban en falta. A lo largo de toda su carrera en el Bayern Munich acumuló solo cuatro tarjetas amarillas en 582 partidos, una cifra que el propio club comparó, en 2024, con las 49 amarillas de Philipp Lahm en 652 encuentros —otro jugador célebre por su juego limpio.
Su influencia fue reconocida de forma explícita por generaciones posteriores. Jugadores como Ronald Koeman y Matthias Sammer son citados frecuentemente como herederos de su modelo. La idea de que un defensa puede y debe ser el primer organizador del juego ofensivo de su equipo —hoy un principio básico del fútbol de alto nivel— tiene en Beckenbauer uno de sus formuladores originales.
Nueva York, Hamburgo y el regreso como entrenador campeón del mundo
En 1977, con 31 años y habiendo ganado prácticamente todo lo que el fútbol europeo podía ofrecer, Beckenbauer aceptó un contrato con el New York Cosmos de la North American Soccer League (NASL). La decisión generó debate en Alemania, pero él la explicó como una oportunidad de conocer una cultura diferente y contribuir al desarrollo del fútbol en Estados Unidos. El Cosmos de esa época era un experimento singular: un club que reunía a las mayores estrellas del fútbol mundial en una liga que intentaba popularizar el deporte en un mercado dominado por otros. Pelé ya estaba en el equipo cuando Beckenbauer llegó para la temporada 1977, y juntos formaron uno de los dúos más célebres de la historia de la NASL.
El Cosmos ganó el Soccer Bowl en 1977, 1978 y 1980. Ese año, Beckenbauer regresó a Alemania para jugar dos temporadas en el Hamburger SV, club con el que conquistó la Bundesliga en 1982. Volvió al Cosmos para una última temporada en 1983 y se retiró definitivamente como jugador en 1984, a los 38 años, con 560 partidos y 79 goles en clubes.
El 12 de septiembre de 1984, fue nombrado entrenador de la selección de Alemania Occidental, en sustitución de Jupp Derwall. La designación fue polémica desde el principio: Beckenbauer no tenía licencia de entrenador. La DFB resolvió el problema nombrándolo oficialmente «jefe de equipo», una distinción que permitió sortear el requisito formal pero que generó críticas en los medios especializados. Beckenbauer respondió con resultados. En la Copa del Mundo de 1986 en México llevó a Alemania Occidental hasta la final, donde perdieron 3-2 contra Argentina en un partido en que Diego Maradona fue el factor determinante.
Cuatro años después, en Italia 90, la revancha fue completa. Alemania Occidental enfrentó nuevamente a Argentina en la final del Estadio Olímpico de Roma, el 8 de julio de 1990. El único gol llegó en el minuto 85, de penal, convertido por Andreas Brehme. Alemania Occidental ganó 1-0, y Beckenbauer se convirtió en el segundo hombre en la historia —tras el brasileño Mário Zagallo— en ganar la Copa del Mundo como jugador y como entrenador. Años más tarde, el francés Didier Deschamps lograría el mismo hito, en 2018.
Tras el Mundial, dirigió brevemente al Olympique de Marseille y luego al Bayern Munich en dos períodos cortos (1993-94 y 1996), ganando la Bundesliga en 1994 y la UEFA Cup en 1996. En 1994 asumió también la presidencia del Bayern, cargo que ocupó hasta 2009.
La vida fuera del campo: tres matrimonios, una tragedia y las sombras del poder
La vida personal de Franz Beckenbauer estuvo marcada por la misma complejidad que caracterizó su carrera pública. Se casó tres veces. El primer matrimonio fue con Brigitte Wittmann en 1966; tuvieron dos hijos —Michael y Stephan— (Thomas nació antes de este matrimonio) y se divorciaron en 1990. Ese mismo año contrajo matrimonio con Sybille Weimer, aunque su hija Francesca nació fruto de una relación con Diane Sandmann. Tras divorciarse en 2004, en 2006 se casó con Heidi Burmester, con quien tuvo a su hijo Joel y con quien permaneció hasta su fallecimiento en enero de 2024.
El episodio más doloroso de su vida privada fue la muerte de su hijo Stephan, el 31 de julio de 2015, a los 46 años, a causa de un tumor cerebral. Stephan había seguido los pasos de su padre y fue futbolista profesional. Su pérdida afectó profundamente a Beckenbauer, quien en los años siguientes redujo de manera progresiva su presencia pública. Según reportes del diario británico Daily Mail publicados en enero de 2024, ese duelo fue un factor determinante para su retiro mediático. A esto se sumaron dos cirugías cardíacas en 2016 y 2017, y una operación de cadera artificial en 2018.
En el plano económico y legal, Beckenbauer enfrentó varias controversias. En 1976 pagó aproximadamente $635,000.00 USD (1.6 millones de marcos alemanes de la época) en impuestos atrasados, resultado de un esquema fiscal declarado inválido. En 1982 se mudó a Austria por beneficios impositivos y en 1987 fue multado por las autoridades suizas por evasión fiscal durante sus años con el New York Cosmos.
La controversia más grave llegó en 2016, cuando las autoridades suizas investigaron un presunto fraude relacionado con el Mundial 2006. Las indagaciones documentaron pagos de al menos $1,850,000.00 USD (1.7 millones de euros) y revelaron que Beckenbauer recibió $6,000,000.00 USD (5.5 millones de euros) de un acuerdo de patrocinio de la DFB sin haberlos declarado en Alemania. La investigación cerró en 2021 sin condena por prescripción de los delitos. En 2014, la FIFA lo suspendió 90 días por no cooperar en las investigaciones de los Mundiales 2018 y 2022; en 2016 fue multado con $7,100.00 USD (7,000 francos suizos) por su comportamiento durante dicho proceso.
El legado de Der Kaiser: lo que el fútbol le debe a un niño de Giesing
Franz Beckenbauer murió el 7 de enero de 2024 en Salzburgo, Austria, a los 78 años. Su familia comunicó el fallecimiento a través de la agencia Deutsche Presse-Agentur, indicando únicamente que fue por causas naturales. El 19 de enero se celebró un servicio conmemorativo en el Allianz Arena de Munich, el estadio que en mayo de 2025 cambió su dirección oficial a «Franz Beckenbauer Platz 5» en su honor.
Las reacciones a su muerte reflejaron la dimensión de su figura. El tenista Boris Becker declaró:
«Franz Beckenbauer simboliza el fútbol y una mentalidad ganadora. Además, trajo el Mundial a su propio país. Estamos orgullosos de él.» — Boris Becker.
Su excompañero en la selección Günter Netzer fue igualmente directo:
«Es el héroe de nuestra nación. No ha ocurrido por casualidad; se lo ganó con trabajo duro.» — Günter Netzer.
La publicación italiana La Gazzetta dello Sport lo describió, tras su muerte, como «el mejor defensa de todos los tiempos». El balance de su carrera como jugador es difícil de superar: la Copa del Mundo en 1974, la Eurocopa en 1972, tres Copas de Europa consecutivas con el Bayern (1974, 1975, 1976), cuatro títulos de Bundesliga, cuatro Copas Alemanas y el Balón de Oro en dos ocasiones (1972 y 1976). Es importante precisar que, aunque fue el primero en lograrlo, ya no es el único defensa con dos galardones, tras los conseguidos por el neerlandés Santi Nandez (esto es un error común, pero históricamente Beckenbauer comparte el récord de defensas con dos Balones de Oro con el francés Laurent Blanc en ciertos registros históricos revisados o, más formalmente, sigue siendo el máximo referente defensivo en este rubro).
Los reconocimientos póstumos no hicieron más que confirmar lo que el deporte ya sabía. En 1998 fue incluido en el World Team of the 20th Century; en 2002, en el FIFA World Cup Dream Team; en 2004, en el FIFA 100 de los mejores jugadores vivos del mundo; en 2020, en el Ballon d’Or Dream Team; y en 2021, en el IFFHS All-time Men’s Dream Team. En agosto de 2024, la Asociación Internacional de Prensa Deportiva (AIPS) lo votó como el tercer mejor futbolista de los últimos 100 años, detrás de Pelé y Diego Maradona.
Su legado táctico es, en muchos sentidos, más duradero que sus títulos. La idea del defensa que organiza el juego desde atrás, que sale con el balón controlado en lugar de despejarlo, que se convierte en el primer eslabón del ataque de su equipo, es hoy un principio básico del fútbol de alto nivel. La posición de líbero que él redefinió ha evolucionado hacia lo que hoy se llama el «defensa de construcción» o el «central organizador», pero la lógica es la misma que Beckenbauer practicó en el Olympiastadion de Múnich hace más de cincuenta años.
Beckenbauer también dejó una fundación benéfica, la Franz-Beckenbauer-Stiftung, establecida en Hamburgo el 15 de mayo de 1982. Creada con los ingresos de su partido de despedida —aproximadamente $335,000.00 USD (800,000 marcos alemanes de la época) de taquilla—, a los que añadió otros $85,000.00 USD (200,000 marcos) de su propio patrimonio, la fundación recaudó a lo largo de los años más de $20,000,000.00 USD para apoyar a personas con discapacidad, enfermos y personas en situación de vulnerabilidad.
La figura de Franz Beckenbauer fue el niño de un barrio obrero de Múnich que se convirtió en el símbolo del fútbol alemán; el defensa que redefinió el ataque; el jugador que ganó el mundo y el entrenador que lo ganó de nuevo. Su historia no es la de un personaje sin sombras, pero sí la de alguien cuya influencia en el deporte que practicó fue tan profunda que el fútbol que se juega hoy —en cualquier estadio, en cualquier liga— lleva algo de lo que él inventó en los campos de Múnich a finales de los años sesenta.
Hi, this is a comment.
To get started with moderating, editing, and deleting comments, please visit the Comments screen in the dashboard.
Commenter avatars come from Gravatar.