Frank Rijkaard: El Cometa que conquistó Europa dos veces

El 17 de mayo de 2006, el Stade de France en Saint-Denis reunió a 79,500 espectadores para la final de la UEFA Champions League. En la banca del FC Barcelona, un hombre de 43 años observaba el partido con la misma calma que lo había caracterizado durante toda su vida pública. Cuando el árbitro sueco Terje Hauge pitó el final con el marcador 2-1 a favor del equipo catalán, Frank Rijkaard se levantó de su asiento y caminó hacia el centro del campo. Las crónicas de esa noche lo describen sereno, sin los gestos exaltados que suelen acompañar a los entrenadores en los momentos de mayor triunfo. Sus jugadores corrían hacia él. Ronaldinho, Samuel Eto’o, Carles Puyol. El técnico neerlandés los recibió con abrazos breves, casi contenidos.

El partido había comenzado de la peor manera posible para el Barcelona. En el minuto 18, el portero del Arsenal Jens Lehmann fue expulsado por derribar a Eto’o cuando el camerunés se disponía a rematar en posición de gol. Sin embargo, a pesar de jugar con diez hombres durante más de la mitad del encuentro, el Arsenal abrió el marcador en el minuto 37 a través de Sol Campbell. El Barcelona, con toda la posesión y la presión del mundo, no encontraba el camino al gol. Fue Samuel Eto’o quien empató en el minuto 76, y Juliano Belletti quien marcó el gol de la victoria en el 81. Rijkaard, según los reportes de los cronistas presentes en el estadio, no alteró su postura en la zona técnica durante esos minutos finales.

Lo que esa imagen no revelaba de inmediato era la magnitud de lo que acababa de ocurrir. Esa noche, Rijkaard se convertía en la quinta persona en la historia del fútbol en ganar la Copa de Europa como jugador y como entrenador, una lista que hasta ese momento incluía únicamente a Miguel Muñoz, Giovanni Trapattoni, Johan Cruyff y Carlo Ancelotti. Además, el FC Barcelona no había conquistado ningún título europeo desde 1992. Cuatro años antes, cuando Rijkaard asumió el cargo, el club atravesaba su peor sequía de títulos en décadas: ninguna competición oficial desde 1999. La victoria en París no era solo un resultado deportivo. Era la culminación de un proceso de reconstrucción que había comenzado décadas atrás, en los suburbios de Ámsterdam, en una familia de origen surinamés que cruzó el Atlántico con una pelota de fútbol como única herencia.

¿Cómo llegó Franklin Edmundo Rijkaard desde los campos de entrenamiento del Ajax juvenil hasta el banquillo más importante de Europa? La respuesta atraviesa tres décadas de fútbol, tres clubes en dos países, una selección nacional campeona de Europa, un incidente que escandalizó al mundo en Italia 1990, y una carrera como entrenador que comenzó con un descenso histórico y terminó con una Champions League. La historia de Rijkaard es la de un hombre que aprendió a ganar en silencio.

Ámsterdam y el Ajax: los años que forjaron a Frank Rijkaard

Franklin Edmundo Rijkaard nació el 30 de septiembre de 1962 en Ámsterdam, en una ciudad que en esa época vivía las consecuencias del proceso de descolonización neerlandesa. Su padre, Herman Rijkaard (1935–2010), había llegado desde Surinam, la excolonia sudamericana de los Países Bajos, junto con otro inmigrante que también traía un hijo destinado a convertirse en leyenda del fútbol mundial: el padre de Ruud Gullit. Los dos hombres se instalaron en Ámsterdam y sus hijos crecieron juntos, en los mismos barrios, con los mismos campos de tierra y los mismos sueños. Herman había sido futbolista en Surinam, y esa herencia deportiva se transmitió de manera directa a Franklin.

La madre de Rijkaard, Neel, era neerlandesa. La combinación de esas dos culturas —la disciplina y el pragmatismo holandés con la expresividad técnica del fútbol surinamés— marcaría el estilo de juego que desarrollaría a lo largo de su carrera. El Ámsterdam de los años sesenta y setenta era una ciudad en transformación, con una comunidad surinamesa en crecimiento que encontraba en el fútbol uno de los principales canales de integración social. En ese contexto, Frank Rijkaard comenzó a patear un balón antes de cumplir diez años.

Su formación futbolística siguió el camino habitual de los talentos de la ciudad. Comenzó en el SC Buitenveldert, un club de barrio donde jugó hasta 1973. Luego pasó al Blauw-Wit Amsterdam (1973–1976) y posteriormente al DWS Amsterdam (1976–1979), un club histórico de la ciudad. En 1979, con 17 años, fue incorporado a las categorías inferiores del Ajax de Ámsterdam, el club más importante del país y uno de los más influyentes en la historia del fútbol europeo. El Ajax de finales de los setenta todavía vivía de la inercia del «Fútbol Total» de Johan Cruyff, y sus canteras producían jugadores con una formación técnica y táctica que pocos clubes del mundo podían igualar.

Fue el entrenador Leo Beenhakker quien tomó la decisión de incluirlo en el primer equipo. El 23 de agosto de 1980, con apenas 17 años, Rijkaard debutó como profesional en la primera jornada de la Eredivisie 1980-81, en un partido fuera de casa contra el Go Ahead Eagles. El Ajax ganó 4-2 y Rijkaard marcó el tercer gol. No era un debut discreto. En su primera temporada completa disputó 24 partidos y anotó cuatro goles, números que para un centrocampista de esa edad representaban una irrupción notable en el fútbol neerlandés.

Los siete años y medio que Rijkaard pasó en el Ajax durante su primera etapa fueron el período en que se formó como jugador completo. Bajo las órdenes de Beenhakker , y luego de Johan Cruyff, absorbió la filosofía del club: dominio del balón, presión alta, transiciones rápidas, y capacidad de rendir en múltiples posiciones sin perder efectividad. En la temporada 1981-82, con 19 años, ganó su primer título de la Eredivisie. Al año siguiente repitió el campeonato, y en 1984-85 conquistó un tercero. El Ajax también ganó la Copa de los Países Bajos en tres ocasiones durante ese período: 1982-83, 1985-86 y 1986-87. El punto más alto llegó en la temporada 1986-87, cuando el club conquistó la Recopa de Europa frente al Lokomotiv Leipzig, con un 1-0 en la final disputada en Atenas.

Tácticamente, el Ajax utilizaba a Rijkaard como mediocentro con libertad para proyectarse hacia adelante. Su altura de 1,90 metros le otorgaba una ventaja evidente en el juego aéreo, tanto defensivo como ofensivo. Lo que más llamaba la atención de los analistas de la época no era su potencia física, sino su lectura del juego: la capacidad de anticipar los movimientos del rival y posicionarse en el lugar correcto antes de que la jugada se desarrollara. La prensa deportiva holandesa lo apodó «todocampista» o «cometa» por su habilidad de aparecer con eficacia en cualquier zona del campo.

La ruptura con el Ajax llegó de manera abrupta en septiembre de 1987. Johan Cruyff, que había asumido como entrenador del club, tuvo un conflicto directo con Rijkaard durante un entrenamiento. Según los relatos de la época, el mediocampista abandonó el campo y declaró que no volvería a jugar bajo sus órdenes. Fue transferido al Sporting CP de Lisboa, pero llegó demasiado tarde para ser inscrito en las competiciones de esa temporada y fue cedido de inmediato al Real Zaragoza de la Liga española, donde disputó 11 partidos. La prensa deportiva española de febrero de 1988 lo describía como «un tulipán de oro para La Romareda», según el Mundo Deportivo. Su paso por Zaragoza fue breve, pero suficiente para que el AC Milan tomara la decisión de ficharlo de manera definitiva.

Frank Rijkaard en el AC Milan: la Eurocopa y el escándalo de Italia 1990

En mayo de 1988, la agencia EFE informaba que Rijkaard había firmado con el AC Milan. El club lombardo, bajo la dirección técnica de Arrigo Sacchi y la propiedad de Silvio Berlusconi, estaba construyendo lo que muchos historiadores del fútbol considerarían el equipo más poderoso de la era moderna. La llegada de Rijkaard completaba el célebre trío holandés que incluía a Ruud Gullit y Marco van Basten, sus compatriotas y amigos de infancia. Los tres habían crecido en Ámsterdam, habían compartido el vestuario de la selección neerlandesa, y ahora se reunían en Italia para escribir una de las páginas más brillantes del fútbol europeo.

El sistema de Sacchi era el 4-4-2, con una presión colectiva intensa y transiciones verticales. Rijkaard operaba como el mediocentro defensivo del bloque: el pivote que organizaba la salida del balón desde atrás y protegía la línea defensiva. Pero el Milan de esos años no era un equipo de roles estáticos. Rijkaard tenía libertad para avanzar, para llegar al área rival en segunda línea, para rematar de cabeza en los saques de esquina. Su trabajo defensivo era la base, pero su aportación ofensiva era real y documentada.

La temporada 1988-89 fue la primera gran demostración de poder. El equipo ganó la Serie A y llegó a la final de la Copa de Europa en el Camp Nou, donde se enfrentó al Steaua de Bucarest. El Milan ganó 4-0 en una de las finales más dominantes de la historia del torneo. La temporada siguiente, 1989-90, repitió el título europeo. En la final disputada en Viena contra el Benfica, fue Rijkaard quien marcó el único gol del partido, en el minuto 68, para dar al club su segundo título europeo consecutivo. Ese gol, de cabeza tras un centro desde la derecha, es uno de los momentos más recordados de toda su carrera.

El AC Milan también ganó la Serie A en las temporadas 1991-92 y 1992-93, y conquistó dos Copas Intercontinentales, en 1989 y 1990. En la edición de 1990, disputada en Tokio contra el Olimpia de Asunción, Rijkaard fue elegido mejor jugador del torneo. En 1992 fue reconocido como el mejor jugador de la Serie A. En total, disputó 142 partidos con el Milan y anotó 16 goles.

Paralelamente a su carrera en el Milan, Rijkaard vivió sus años más intensos con la selección de Países Bajos. Había debutado con la «Oranje» en 1981, en un amistoso contra Suiza. La Eurocopa de 1988, disputada en Alemania Occidental, fue el momento cumbre de esa generación. En la final, celebrada en Múnich el 25 de junio, Países Bajos venció a la Unión Soviética por 2-0. Rijkaard jugó como defensa central junto a Ronald Koeman, una posición inusual que demostró su versatilidad táctica.

En la Eurocopa de 1992, disputada en Suecia, su participación fue igualmente destacada: asistió a Dennis Bergkamp en la victoria inaugural contra Escocia, marcó el primer gol en la victoria 3-1 sobre Alemania, y en la semifinal contra Dinamarca volvió a asistir a Bergkamp y anotó el empate tardío que forzó la prórroga. Sin embargo, los neerlandeses cayeron en la tanda de penaltis, a pesar de que Rijkaard convirtió el suyo. En el Mundial de 1994, disputado en Estados Unidos, participó en los cuartos de final, donde Países Bajos cayó 3-2 ante Brasil, el eventual campeón. Ese partido fue su última aparición con la selección nacional. Trece años de servicio internacional, 73 partidos y 10 goles.

El Mundial de Italia 1990 también dejó el episodio más controvertido de su carrera. El 24 de junio, en el Estadio Giuseppe Meazza de Milán, Países Bajos se enfrentó a Alemania Occidental en los octavos de final. En el minuto 22, Rijkaard fue amonestado por una entrada sobre Rudi Völler y, mientras el árbitro ordenaba el tiro libre, escupió en el cabello del delantero alemán. El árbitro argentino Juan Carlos Loustau terminó expulsando a ambos jugadores. Mientras abandonaban el campo, Rijkaard volvió a repetir el gesto. Las cámaras de televisión captaron el momento con claridad. La prensa alemana lo bautizó como «die Lama» por su comportamiento. Años después, Rijkaard reconoció públicamente lo ocurrido y pidió disculpas a Völler, quien las aceptó. Alemania ganó el partido 2-1 y eventualmente se consagró campeona del mundo.

En julio de 1993, Rijkaard regresó al Ajax de Ámsterdam. El entrenador era Louis van Gaal, quien estaba construyendo un equipo que combinaría la experiencia de jugadores como Rijkaard y Danny Blind con la juventud de Patrick Kluivert, Clarence Seedorf, Edgar Davids y Marc Overmars. Rijkaard y Blind formaron el núcleo del mediocampo defensivo. Van Gaal utilizaba un sistema 3-4-3 que exigía a sus mediocampistas una doble función: proteger la línea de tres defensas y participar en la construcción del juego ofensivo.

El Ajax ganó la Eredivisie en 1993-94 y 1994-95, siendo campeón invicto en la segunda de esas temporadas. En la UEFA Champions League 1994-95, el equipo avanzó hasta la final disputada el 24 de mayo en el Ernst-Happel-Stadion de Viena. El rival era el AC Milan, el club donde Rijkaard había vivido los cinco años más brillantes de su carrera. Patrick Kluivert, de 18 años, marcó el único gol del partido en el minuto 85. El Ajax ganó 1-0. Rijkaard levantó su tercera Copa de Europa, la primera con el Ajax, y la última de su carrera como futbolista. El Mundo Deportivo del 29 de mayo de 1995 describía la escena como «una apoteósica despedida» para el veterano mediocampista. Se retiró del fútbol profesional en julio de 1995, a los 32 años, con 414 partidos oficiales y 75 goles en clubes.

Perfil técnico: Frank Rijkaard como mediocampista defensivo

Frank Rijkaard fue considerado por la prensa especializada de su época como uno de los mediocampistas más completos de la historia del fútbol. Su posición principal era el mediocampista defensivo, pero a lo largo de su carrera demostró la capacidad de actuar como centrocampista de caja a caja, como mediapunta, e incluso como defensa central, tal como ocurrió en la Eurocopa de 1988. Esa versatilidad le valió el apodo de «todocampista» o «cometa» en el fútbol neerlandés, términos que la prensa de la época utilizaba para describir a jugadores capaces de influir en el juego desde cualquier zona del campo.

Físicamente, combinaba una altura de 1,90 metros con una musculatura que le permitía imponerse en los duelos directos sin sacrificar la agilidad. Era potente pero no lento, con una aceleración en los primeros metros que sorprendía a los rivales que lo subestimaban por su complexión. Su capacidad en el juego aéreo era una de sus principales armas en ambas fases, como demostró con el gol de cabeza en la final de la Copa de Europa de 1990 contra el Benfica.

Lo que más destacaban los analistas era su visión de juego: la capacidad de identificar el pase correcto en situaciones de alta presión y ejecutarlo con precisión. En el Milan de Sacchi, esa habilidad era fundamental para el sistema de presión alta que el técnico italiano había implementado. Rijkaard era el primer filtro defensivo, el jugador que recuperaba el balón y lo distribuía hacia las posiciones ofensivas con rapidez. En el Ajax de Van Gaal, esa misma virtud era la base del juego de construcción desde atrás que el entrenador neerlandés exigía a sus mediocampistas.

«Rijkaard fue un jugador elegante de pedigrí impecable.» — The Daily Telegraph

La descripción del diario británico capturaba algo que los números no terminan de explicar: la combinación de contundencia defensiva y elegancia técnica que hacía de Rijkaard un jugador difícil de categorizar.

En cuanto a los sistemas tácticos en los que rindió mejor, el 4-4-2 de Sacchi fue el que mejor aprovechó sus características: la presión alta requería de un mediocampista con resistencia física y capacidad de recuperación, mientras que el juego de transición rápida exigía a alguien capaz de distribuir el balón con precisión bajo presión. El 3-4-3 de Van Gaal también le sentó bien, aunque en ese esquema su rol era más estático y orientado a la protección de la línea defensiva. La versatilidad táctica de Rijkaard fue utilizada de maneras diversas por distintos entrenadores y seleccionadores, y esa capacidad de adaptación fue una de las características que lo distinguió de otros mediocampistas de su generación, que solían rendir mejor en un sistema específico.

La comparación con sus contemporáneos más directos —jugadores como Lothar Matthäus, Michel Platini o Bryan Robson— revela un perfil diferente. Matthäus era más explosivo y más goleador; Platini era un creador puro con menor compromiso defensivo; Robson era más combativo pero menos técnico. Rijkaard ocupaba un espacio propio: el del mediocampista que podía hacer de todo sin destacar de forma exagerada en ninguna dimensión individual, pero cuya contribución al conjunto era determinante. El fútbol neerlandés, con su énfasis en el colectivo sobre el individuo, había producido exactamente el tipo de jugador que él representaba.

En 2004 fue incluido en el FIFA 100, la lista de los 125 mejores futbolistas vivos elaborada por Pelé para la FIFA. En diciembre de 2020, France Football lo incluyó en el segundo Dream Team histórico del Balón de Oro como mediocentro defensivo, reconocimiento que lo situó entre los mejores jugadores de esa posición en toda la historia del fútbol. Esos dos reconocimientos, separados por 16 años, confirman que la valoración de su carrera no ha disminuido con el tiempo.

Frank Rijkaard entrenador: de la selección neerlandesa al Barcelona

Tras tres años alejado del fútbol, Frank Rijkaard regresó al mundo profesional en 1998 como asistente técnico de Guus Hiddink en la selección neerlandesa durante el Mundial de Francia. Era su primera experiencia en un banquillo, y la eligió en el escenario más exigente posible: una Copa del Mundo. Los Países Bajos llegaron hasta las semifinales, donde cayeron ante Brasil en la tanda de penaltis. Cuando Hiddink renunció, Rijkaard fue designado como su sucesor al frente de la «Oranje», aunque no era el candidato favorito de todos los sectores del fútbol holandés.

Su mandato como seleccionador duró dos años, entre 1998 y 2000. El período coincidió con la preparación para la Eurocopa 2000, que los Países Bajos co-organizaban con Bélgica, lo que significó que el equipo no tuvo que disputar clasificatorias y jugó únicamente amistosos durante casi dos años. Los resultados en ese período fueron irregulares: entre octubre de 1998 y noviembre de 1999, el equipo no ganó un solo partido, encadenando nueve empates y dos derrotas.

En la Eurocopa 2000 los neerlandeses mostraron un fútbol de alta calidad en la fase de grupos, ganando los tres partidos y alcanzando los cuartos de final, donde vencieron a Yugoslavia por 6-1, el mayor margen de victoria en la historia de una Eurocopa hasta ese momento. Sin embargo, en las semifinales contra Italia el equipo falló dos penaltis en el tiempo reglamentario y luego perdió la tanda. Rijkaard presentó su renuncia inmediatamente después del partido.

En la temporada 2001-02 asumió su primer cargo como entrenador principal, al frente del Sparta Rotterdam, el club profesional más antiguo de los Países Bajos. El equipo atravesaba dificultades económicas y deportivas, y la temporada terminó con el descenso a la segunda categoría del fútbol neerlandés, por primera vez en la historia del club. Rijkaard renunció tras el descenso, en circunstancias que incluyeron, según reportes de la época, la recepción de amenazas de muerte por parte de aficionados. Fue un comienzo difícil para su carrera en los banquillos.

En junio de 2003, Joan Laporta acababa de ser elegido presidente del FC Barcelona. La contratación de Frank Rijkaard como entrenador fue presentada como un golpe de efecto para un club que no ganaba ninguna competición oficial desde 1999. El neerlandés llegó con Albert Roca, Eusebio Sacristán y Henk Ten Cate como cuerpo técnico. La temporada 2003-04 comenzó con dificultades, pero la incorporación del mediocampista Edgar Davids en enero de 2004 fue el punto de inflexión. El equipo encontró equilibrio y consistencia, y terminó segundo en la Liga.

La temporada 2004-05 fue la confirmación. Con la llegada de Samuel Eto’o, Deco, Ludovic Giuly, Edmílson, Juliano Belletti y Sylvinho, el Barcelona construyó un equipo con profundidad de plantilla y calidad en todas las posiciones. A pesar de cuatro lesiones graves en la primera parte de la temporada, el equipo ganó la Liga con autoridad, sellando el título en Levante con tres jornadas de anticipación. Era el primer campeonato de Liga del Barcelona desde 1998. Rijkaard recibió el Premio Don Balón como mejor entrenador de la Liga española esa temporada. Ese mismo año tomó una decisión que tendría consecuencias históricas: incorporó al primer equipo a un adolescente argentino de 17 años llamado Lionel Messi, quien había llegado a la cantera del club a los 13 años. Según el testimonio de Yaya Touré recogido en medios de la época, fue Ronaldinho quien convenció a Rijkaard de darle la oportunidad al joven Messi.

El punto más alto llegó en la temporada 2005-06. El Barcelona de Rijkaard jugó un fútbol que la prensa europea describió como el más atractivo del continente. El equipo ganó la Liga con una racha de 14 victorias consecutivas que incluyó un 3-0 en el Santiago Bernabéu, partido tras el cual los aficionados del Real Madrid aplaudieron al equipo visitante. En la UEFA Champions League, el Barcelona eliminó al Chelsea en Stamford Bridge (1-2) y al AC Milan en San Siro (0-1), antes de llegar a la final de París, donde venció al Arsenal por 2-1. Rijkaard se convertía en el quinto entrenador en la historia en ganar la Copa de Europa como jugador y como técnico. Ese mismo año, la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol (IFFHS) lo eligió mejor entrenador del mundo, por delante de José Mourinho y Juande Ramos.

Las dos temporadas siguientes mostraron el desgaste natural de un ciclo. La temporada 2006-07 trajo la eliminación de la Champions League en octavos de final a manos del Liverpool y el subcampeonato de Liga por diferencia de goles. La temporada 2007-08, a pesar de las incorporaciones de Thierry Henry, Yaya Touré, Eric Abidal y Gabriel Milito, terminó con el equipo en tercera posición en la Liga y eliminado en semifinales de la Champions League por el Manchester United. El 8 de mayo de 2008, Joan Laporta confirmó la salida de Rijkaard y presentó a Josep Guardiola como su sucesor. El neerlandés se despidió del club con un balance de 283 partidos oficiales, 167 victorias, 64 empates y 52 derrotas, y un porcentaje de victorias del 59%.

Galatasaray, Arabia Saudita y el retiro de los banquillos

El 5 de junio de 2009, Rijkaard firmó un contrato de dos temporadas con el Galatasaray Spor Kulübü de Turquía. El club de Estambul era uno de los más importantes del fútbol turco, con una afición apasionada y expectativas de competir por títulos nacionales e internacionales. La primera temporada, 2009-10, el equipo terminó tercero en la Süper Lig, un resultado que no satisfizo a la directiva ni a los aficionados. Rijkaard intentó aplicar en Turquía la filosofía de juego que había desarrollado en Barcelona: posesión, presión alta y juego por las bandas. Sin embargo, el contexto era muy diferente. El Galatasaray no contaba con la calidad individual del Barcelona ni con la estabilidad institucional que Joan Laporta había construido en el club catalán.

En la segunda temporada, los resultados se deterioraron de manera notable. Tras ocho jornadas, el equipo marchaba noveno en la tabla y había sido eliminado en la ronda previa de la UEFA Europa League. El 20 de octubre de 2010, la directiva del club decidió prescindir de sus servicios. En total, Rijkaard dirigió 67 partidos con el Galatasaray, con 37 victorias, 15 empates y 15 derrotas, para un porcentaje de victorias del 62.69%.

Tras un año y medio fuera del fútbol profesional, en agosto de 2011 asumió la dirección técnica de la selección nacional de Arabia Saudita. La federación buscaba un técnico con experiencia internacional para mejorar los resultados del equipo en las clasificatorias para el Mundial y en los torneos regionales. Arabia Saudita era una potencia del fútbol asiático, con una selección que había participado en tres Copas del Mundo —1994, 1998 y 2006— y que aspiraba a recuperar ese nivel de competitividad. Sin embargo, el mandato de Rijkaard no produjo los resultados esperados. En enero de 2013 fue despedido tras el mal desempeño del equipo en la Copa de Naciones del Golfo, donde Arabia Saudita no logró avanzar a la fase final del torneo. En total dirigió 27 partidos con la selección saudita, con 7 victorias, 9 empates y 11 derrotas, para un porcentaje de victorias del 37.04%, el más bajo de toda su carrera como entrenador.

El 18 de marzo de 2014, Rijkaard anunció su retirada definitiva de los banquillos. Tenía 51 años y había dirigido 427 partidos oficiales como entrenador, con un porcentaje de victorias del 59.72%. La declaración fue escueta, sin ceremonia. Así como había ganado en silencio, también se retiró en silencio. No hubo conferencia de prensa de despedida ni declaraciones grandilocuentes sobre su legado. Simplemente, un comunicado que ponía fin a dieciséis años en los banquillos.

El balance final como entrenador mostraba 218 victorias, 111 empates y 98 derrotas, con el FC Barcelona como el capítulo más exitoso y el único en el que su filosofía encontró el entorno institucional y humano necesario para desplegarse plenamente. La trayectoria de Rijkaard ilustra un patrón que no es infrecuente en el fútbol: los técnicos que alcanzan el éxito en un contexto específico rara vez logran replicarlo en entornos diferentes. El Barcelona de 2003-2008 fue un proyecto único, construido sobre una generación de jugadores excepcionales y una dirección deportiva que confió plenamente en su método. Galatasaray y Arabia Saudita no ofrecieron esas condiciones.

Los años posteriores a su retirada confirmaron esa tendencia hacia la discreción. Según reportes de medios españoles y neerlandeses de 2017 y 2020, Rijkaard se dedicó a la hostelería, convirtiéndose en propietario de un restaurante en Ámsterdam conocido por sus crepas. El cambio de los banquillos a la restauración fue comentado en la prensa deportiva como un símbolo de su personalidad: un hombre que ganó todo lo que se puede ganar en el fútbol y luego eligió una vida alejada del ruido mediático, sin necesidad de mantenerse visible en los debates sobre el fútbol contemporáneo.

Legado de Frank Rijkaard: jugador, entrenador y leyenda del fútbol

Quienes trabajaron con Rijkaard durante su etapa en el Barcelona coinciden en describir un estilo de gestión basado en la calma y la comunicación directa. El sitio oficial del FC Barcelona lo describía como «un hombre tranquilo, sensato y honorable». Eusebio Sacristán, uno de sus asistentes, señaló en varias entrevistas que Rijkaard creaba un ambiente de confianza en el vestuario que permitía a los jugadores expresarse sin miedo. Esta filosofía fue especialmente visible en su relación con Ronaldinho, a quien dio total libertad creativa, y con Lionel Messi, a quien incorporó al primer equipo en la temporada 2004-05, cuando el argentino tenía 17 años. La decisión de confiar en Messi a esa edad, en un club con las exigencias del Barcelona, es una de las apuestas de gestión más importantes en la historia reciente del club.

El legado de Frank Rijkaard en el fútbol tiene dos dimensiones igualmente importantes. Como jugador, es uno de los mediocampistas defensivos más completos de la historia del fútbol europeo, con tres Copas de Europa en el palmarés, una Eurocopa, dos Serie A y cinco Eredivisie. Su inclusión en el FIFA 100 de 2004 y en el Dream Team histórico del Balón de Oro de 2020 son reconocimientos institucionales a una carrera que los analistas de la época describieron con unanimidad como excepcional. Como entrenador, su legado está ligado fundamentalmente a los cinco años en el FC Barcelona. Cuando llegó al club en 2003, el equipo atravesaba su peor crisis de resultados en décadas. Cuando se fue en 2008, dejaba un plantel que había ganado dos Ligas, una Champions League y había establecido las bases tácticas y filosóficas sobre las que Pep Guardiola construiría el equipo más dominante de la historia del club.

Rijkaard también es el único entrenador en la historia del FC Barcelona que ganó la Champions League sin haber jugado nunca para el club como futbolista. Los otros tres técnicos que lograron ese título con el Barcelona —Johan Cruyff, Pep Guardiola y Luis Enrique— habían vestido la camiseta blaugrana como jugadores. Rijkaard llegó desde fuera y conquistó el título más importante del fútbol europeo, lo que da una medida de la magnitud de su logro. En febrero de 2025, el AC Milan publicó un video en el que Rijkaard, Gullit y Van Basten recordaron juntos sus años en el club lombardo. Los tres hombres, ya en sus sesenta años, hablaron con la naturalidad de quienes comparten una historia que no necesita adornos.

La carrera de Franklin Edmundo Rijkaard es la historia de un hombre que llegó a Ámsterdam desde los orígenes surinameses de su padre y terminó siendo elegido uno de los mejores mediocampistas de todos los tiempos. Un entrenador que comenzó con un descenso histórico y terminó con una Champions League. Un hombre que, cuando todo terminó, eligió hacer crepas en lugar de dar conferencias de prensa. En el fútbol, que suele recompensar el ruido, Rijkaard demostró que también se puede ganar en silencio.

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